ES
← Back to blog

Radares meteorológicos: eficacia

Cuando uno hace una inversión para la casa, es natural que sienta la preocupación por saber si el equipo adquirido valió la pena, teniendo en cuenta el monto invertido y los beneficios esperados. Se podrá imaginar mi atento lector que, tratándose de un equipo como un radar meteorológico que tiene un costo de varios millones y además un gasto anual que normalmente está en el orden de un 10% de la inversión inicial y teniendo en cuenta que los radares son un asunto de seguridad nacional, la preocupación sobre su eficacia alcance ribetes preocupantes. Pero comencemos por dar una definición de EFICACIA. “Eficacia es la capacidad de materializar un efecto deseado, esperado o anhelado”, es decir, la consecución del objetivo para el cual se hizo una inversión de algún tipo (tiempo, dinero), o sea cumplimentar un objetivo o meta trazada. Así pues… ¿cómo se puede conocer cuál es la eficacia de un radar meteorológico?

En este punto a mí me gusta traer a colación un símil. No sé si mi avezado lector habrá visto esas películas norteamericanas en que un joven ha recibido, como herencia, entrada vitalicia a todos los juegos de beisbol de todas las temporadas en un estadio determinado. Una vez que comienza la temporada de beisbol, el protagonista tiene derecho a uno o varios asientos para presenciar CADA JUEGO, si va o no, si lleva acompañantes o no, pues es su decisión, sus entradas están aseguradas. Si no va, se pierde de presenciar ese juego que ya tenía pago de antemano

Pues a mí me gusta comparar eso con el desempeño de un radar. Una vez que se compra el radar, el mismo está en capacidad de explorar la atmósfera, con un fin determinado para el que se compró (y algunos otros colaterales), ININTERRUMPIDAMENTE, durante un número de años (digamos 10 años, aunque en Cuba mantenemos en explotación a los radares RC-32B adquiridos hace CINCUENTA AÑOS). Si usamos el radar o no, y si usándolo obtenemos los beneficios esperados a priori, es una decisión nuestra; pero si no lo usamos, definitivamente hemos botado el dinero, pues no estamos amortizando la inversión.

Huracán Michelle (2001) captado por el radar de Pico San Juan, modernizado en el año 2000.

Yo podría decir que, en mi experiencia de 41 años, los radares meteorológicos cubanos han sido usados con una eficacia del 100% para la detección y seguimiento de tormentas tropicales (ciclones); pero estas no son un fenómeno frecuente en Cuba si venimos a ver. Las tormentas tropicales ocurren dentro de la llamada Temporada Ciclónica (1 de junio al 30 de noviembre) y el número de tormentas que afectan al país no es elevado (alrededor de 10 en un año). A eso sumemos que los huracanes verdaderamente destructivos son aún menos frecuentes, de hecho, hay años en que el país no es afectado por ningún ciclón importante. Por tanto, estimar la eficacia del radar por el número de ciclones “capturados”, sería un consuelo de tontos. El radar tiene capacidad para captar otros tipos de fenómenos meteorológicos, tan destructivos y peligrosos como los huracanes, que son mucho más frecuentes y menos predecibles que los huracanes.

El Monstruo Rafael detectando una tormenta en los Estados Unidos usando la información de un radar del NWS disponible en Internet para todo el mundo.

Podríamos estimar la eficacia de un radar meteorológico sumando cuántas tormentas detectamos con el radar, y comparando este número con la cantidad de tormentas que ocurrieron en el área de cobertura del radar en esos 10 años y esa podría ser una medida de la eficacia de nuestra inversión comprando el radar, si es que el propósito fundamental al adquirirlo fue detectar tormentas. Sin embargo, esta no sería la eficacia del radar en sí mismo, sino la eficacia de todo el sistema de vigilancia meteorológica por radar, es decir, que en el proceso de detección intervienen otros tres factores más aparte del radar: 1) los servicios de terceros sin los cuales el proceso no se puede llevar a cabo: comunicaciones, suministro eléctrico, protecciones/aterramiento y climatización; 2) la habilidad del personal que opera el radar para establecer en cada momento el régimen de explotación más adecuado para la detección de cada tormenta; y 3) la pericia del personal que debe interpretar la información que brinda el radar para hacer los avisos y alertas correspondientes sobre las tormentas en el rango de alcance del radar.

En los años que me tocó estar al frente del servicio de vigilancia meteorológica por radar (2003 – 2022), introdujimos en las estadísticas de los radares un nuevo indicador para medir la eficacia del radar, lo llamamos DISPONIBILIDAD. La disponibilidad la referimos solamente al radar, es decir no tenemos en cuenta en ese número los servicios de terceros que pueden inutilizar su funcionamiento, ni tenemos en cuenta la operación del mismo que puede mantenerlo apagado aun estando en condiciones de explorar la atmósfera. La disponibilidad la calculamos por el número de horas que el radar está en condiciones de ejecutar observaciones (en parámetros nominales y con toda su funcionalidad), dividido por el número de horas totales en el período, y lo expresamos en porcientos. Estas estadísticas solamente pudimos comenzar a llevarlas a partir de mediados del año 2006 en que todos los radares quedaron automatizados y conectados a la red interna corporativa del Instituto de Meteorología. La disponibilidad le hace honor a la técnica del radar. El radar de Camagüey es el que más observaciones ha hecho históricamente; sin embargo, los radares de Pico San Juan, Pilón y Casa Blanca, siempre han exhibido una alta disponibilidad, aunque hayan sido menos explotados.