EN
← Volver al blog

Cuando no hay mulos se arrea a lomo de hombres

Los ingenieros de LADETEC han protagonizado numerosas hazañas laborales. Siempre he visto con sana envidia que ante catástrofes naturales los linieros de la empresa eléctrica de unas provincias marchan a apoyar a las provincias siniestradas, y trabajan muchas horas y hacen un esfuerzo extraordinario y loable y son acreedores de banderas de proeza laboral. Yo considero que, en muchas ocasiones, nosotros también fuimos acreedores de semejante distinción. Cuando marchábamos a desplegar trabajos en algún radar casi siempre eso implicaba un esfuerzo muy grande porque, generalmente, la alimentación no era adecuada, las condiciones de vida tampoco y se trabajaba 12-14 horas al día para terminar cuanto antes. Hubo casos que tomaron ribetes épicos, como aquel de la expedición al radar de Punta del Este en la Isla de la Juventud y este que les narraré a continuación si mi indulgente lector desea continuar leyendo.

Se aproximaba a Cuba el huracán Irma, con muy malas intenciones que se encargó de validar unos días después. El radar de Gran Piedra tenía la UPS rota y allí la tensión de suministro eléctrico es fluctuante porque proviene de grupos electrógenos locales de la comunidad a través de un tendido eléctrico aéreo muy vulnerable. Estas fluctuaciones de la tensión de suministro son fatales para el equipamiento moderno del muy antiguo (1973) radar Mitsubishi RC-32B, modernizado en el año 2006.

Unos meses antes, previsoramente, el viceministro económico del CITMA, Danilo Alonso, había gestionado el financiamiento para la compra de una UPS de 10 kVA para cada radar. Urgía instalar la del radar de Gran Piedra antes del paso del huracán. Llevábamos ya un tiempo al habla con las autoridades en Santiago de Cuba. Se evaluaban opciones para subirla. Pues sí, subir un “animal” de más de 100 kg hasta la torre del radar no es un paseíto turístico.

Que si subirla con un helicóptero como se hizo hacía muchos años para subir fardos pesados cuando el montaje de este radar, allá por 1973. Que si subirla con un camión de tracción poderosa por el camino trasero. Que si usar un arria de mulos…El caso es que no se concretaba ninguna opción y el huracán ya casi estaba sobre nosotros. El helicóptero excluido por los ya fuertes vientos, el camión excluido por el pésimo estado del camino trasero (vea la foto anterior), el arria de mulos no aparecía.

En eso estábamos cuando me llamó la Dra. Maritza García García, presidenta de la Agencia de Medio Ambiente que había llegado al Instituto de Meteorología ante la inminencia del fenómeno, ya que el Dr. Celso Pazos, director, se encontraba en Montreal. Solo veo una opción –le comenté. Subirla a lomo de hombres ¿Es peligroso? –me preguntó. No –le mentí piadosamente. Seremos muy cuidadosos, no habrá riesgos ningunos, ya hemos pensado cómo hacerlo –me apresuré a tranquilizarla.

El que ha subido a Gran Piedra sabe que subirse uno mismo de sus propios pies ya es un riesgo, con buen tiempo y calma. Ahora imagine mi lector subir con viento y lluvia cargando pesados fardos … aquello prometía. Mañana mismo salgo para allá –le aseguré a Maritza. El monstruo Ichi escuchaba la conversación y se percató que yo me estaba auto asignando la misión. Yo no andaba muy bien de salud después de la operación de vesícula; pero Ichi llevaba 15 días aquejado de intensos dolores en la cervical que lo habían mantenido en reposo. No obstante, se declaró de alta médica instantánea y me dijo. respetuosamente, como siempre –jefe, no comas tanta mierda que tú sabes que el que tiene que ir soy yo. «Dame la bola» que ese «juego» lo lanzo yo. Sí, Ichi es fan de la pelota y no le va ni al Barza ni al Madrid, como yo, él le va al equipo de Camagüey de pelota.

Ichi es el que mejor podía ejecutar el trabajo, no solo por su fortaleza innata de guajiro, cultivada por más de 12 años de estudios en escuelas militares, sino porque Ichi tiene habilidad especial e intuición para solucionar este tipo de problemas. Por otra parte, cuando Ichi «pide la bola», es imposible negársela porque se lo ha ganado a lo largo de muchos años. Ichi es como el Shohei Ohtani de LADETEC. Así pues…Ichi partió al otro día con el siempre fiel y abnegado Yuniel.

Desarmar la UPS era algo que no queríamos hacer para no perder la garantía; pero Ichi se las ingenió para no romper los sellos y separar las pesadas baterías del cuerpo (también pesado) de la UPS (Dennis también haría eso para subir la suya al radar de Pilón).

Ichi comandaba un grupo de aguerridos especialistas: Andrés, el ingeniero de Punta del Este (que también protagonizara junto a Roberto y Leo la escaramuza con el cocodrilo), Yuniel, nuestro incombustible técnico del Centro de Radares; Abigail, el Jefe; y Ferrer, el técnico, del radar de Gran Piedra, Acela, la directora del Centro Meteorológico de Santiago de Cuba y otros operadores del radar que no recuerdo su nombre; pero se reconocerán en las fotos. Llovía torrencialmente y el viento era fuerte.

Ichi decidió que el cuerpo de la UPS subiría en parihuela por los 459 escalones de ascenso a la cima. El monstruo Andrés con Yuniel se encargó de este agotador trabajo. Llovía y los escalones estaban muy resbalosos. Caerse con ese peso hubiese sido un accidente seguro. Vean las fotos.

Acela, la directora del Centro Meteorológico de Santiago de Cuba marchó con ellos todo el tiempo.

Ichi se asignó un trabajo muy pesado (sin acordarse que 15 días antes no se podía mover del dolor). Subir las pesadas baterías por el escarpado camino de la parte trasera. Normalmente, en seca, este es un terreno arcilloso que se te desmorona bajo los pies. Mientras más peso llevas más penoso es el ascenso. Ahora imaginen fuerte lluvia, fuerte viento, unos sacos llenos de baterías. Las fotos hablan solas.

Ichi es experto en amarres (no, no de los de brujería, sino de sogas), tradición familiar, todos en su familia son monteros. Este conocimiento le ha sido muy útil en numerosas ocasiones. En el montaje en Taiwán fue decisivo para izar los pesados pétalos del radomo de ese radar. Por este motivo, Ichi no le confió esta tarea a nadie sino que se hizo cargo personalmente, se trataba de izar un fardo muy pesado…y muy caro … y muy difícil de adquirir para Cuba.

La prueba de si todo estaba bien la hizo poniéndose debajo del fardo para darle el toque final de amarre.

A jalar y parriba, caballero, que el güinche somos nosotros.

Y allá va eso, entrar el pesado fardo a la edificación una vez arriba tampoco es un pastelito. Recuerde mi amable lector que llovía a cántaros y el viento era muy fuerte. Hoy en día, las edificaciones para albergar radares se construyen con facilidades para izar bultos pesados, pero en 1973…

A armar se ha dicho

Y listo

El radar de Gran Piedra fue el primero en divisar con certeza el ojo del huracán. Yo esperaba que hubiese sido el de Holguín, porque Irma venía por el norte; pero no, al César lo que es del César. El radar de Gran Piedra es el Capitán de Capitanes como dice el Operador Emérito Pedrito. Ojalá no lo dejen morir, aun tiene mucha vida este radar. Y como siempre, Ichi retornó vencedor y me dijo: misión cumplida.