«Dame el zapato y yo pintaré a la persona». Pablo Picasso
En la primavera y en el verano del año 2008, hube de viajar a Met Office, la sede del famoso Servicio Meteorológico del Reino Unido (que hace pronósticos para el mundo entero). El motivo fue recibir una transferencia tecnológica sobre el procesador de señales Doppler Cyclops-D empleado en los 8 rada

En la primavera y en el verano del año 2008, hube de viajar a Met Office, la sede del famoso Servicio Meteorológico del Reino Unido (que hace pronósticos para el mundo entero). El motivo fue recibir una transferencia tecnológica sobre el procesador de señales Doppler Cyclops-D empleado en los 8 radares conque contaba el Reino Unido en ese año. La primera vez viajamos Arturo y yo, y la segunda viajamos Robert, Arturo, Ichi, Luisi y yo. En agosto del año 2012 ya el radar Doppler RD-200SX de Camagüey estaba en funcionamiento operativo. Nuestro procesador VESTA|Cíclope, desarrollado sobre la base del procesador inglés, funcionaba exitosamente (y lo sigue haciendo hasta la fecha en que escribo este post, marzo del 2025). Gentilmente, los funcionarios de Met Office me invitaron a impartir una conferencia sobre cómo habíamos implementado la transferencia tecnológica y en general, sobre nuestros logros en la automatización de los radares. Entre «mis grandes logros» está el haber hecho reír a un auditorio de cerca de 100 ingleses (en inglés, por supuesto) en dos ocasiones con cosas que dije en la presentación, con la misma tónica que habitualmente uso en las cosas que escribo en este blog. Pero el propósito de este post no es hablar de trabajo, ni alabarme por ser chistoso en inglés (atropellando a mi modestia), sino contarles de un incidente que tuve.
A diferencia de mis dos visitas anteriores, en las cuales la transportación Londres-Exeter-Londres no fue en tren, si no en guagua (coach, le dicen los ingleses, com mismo nosotros le decimos al miembro de la dirección del equipo de pelota que se para en tercera para dar instrucciones a los peloteros). Al salir de Exeter tuve mi problemita con el Coach; pero eso ya lo conté. La guagua iba de Exeter al aeropuerto Heathrow (el principal); pero yo siempre llegué y salí de Inglaterra por el aeropuerto de Gatwick (el secundario). Met Office me había reservado en un hotelito Gatwick Hilton, el más cercano al aeropuerto (literalmente dentro del aeropuerto).

Así pues, llegando a Heathrow tenía que bajarme y esperar otro coach para Gatwick y al bajarme muy orondo del coach que venía de Exeter ocurrió «la cosa». No sabía yo lo que me esperaba, tendría que hacer un cambio aún más terrible, algo que un inglés SÍ QUE NO PODRIA ESPERARSE. No bien me bajé…la suela de mi zapato derecho se abrió como un yarey, y se quedó boquiabierto, mi zapato, el derecho, el del par de salir, con menos de un mes de comprado, con el que había hecho mi presentación en Met Office. Un par de zapatos a los que yo les había concedido mi más altos honores. Por suerte no fue el izquierdo, porque en Inglaterra todo se hace por la izquierda. Eso de decir «por la izquierda» es una expresión que yo creo que los cubanos han traído de «mayami», y le llaman así a eso de trabajar «tapiñao» en una cosa mientras reciben un subsidio, pero eso no debe confundir a mis nunca bien ponderados lectores. Cuando digo que en Inglaterra todo lo hacen «por la izquierda» me refiero al tráfico, por eso mi zapato izquierdo era más importante que el derecho.

No obstante, amables lectores sé que llegados a este punto se habrán aterrorizado, pero nuevamente mi sangre fría me salvó, tengan en cuenta que yo estaba en Inglaterra, y que ya desde los 60 yo admiraba a los Beatles, secretamente porque mi papá decía que eso era diversionismo idelógico (si llega a ver las cosas que se ven hoy día …), y luego de la apertura de la estatua de Lennon en el parquecito homónimo del Vedado ya lo hice un poco más públicamente.

Así pues, me quité ambos zapatos (no los boté, los eché en una jabita que ya arreglaríamos cuentas al llegar a Cuba, es decir, el zapatero y yo, que hay que pagarle ¿no?) y caminé como Paul McCartney en Abbey Road, es decir, descalzo, hasta el baño y allí abrí mi maletica y saqué a mis viejos héroes de mil batallas (que un zapatero me los había reparado antes de ir para Inglaterra) y me los puse, siempre pidiéndole disculpas por no haberle concedido a ellos los máximos honores, pero como pueden ver en otro post, a la larga, ellos se llevaron las glorias de un Londres Olímpico y Eternamente Deslumbrante.

Y como diría Cenicienta «Un par de zapatos puede cambiar tu vida»…