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Construcción del Servicio Vigilancia Meteorológica por Radar en Cuba

Construcción del Servicio de Vigilancia Meteorológica por Radar en Cuba desde Camagüey. Lecciones y legado del grupo LADETEC que automatizó y sostuvo la red nacional. Cuba es un país donde siempre ha imperado un centralismo basado en la capital, que no por gusto ha crecido mucho más que cualquier ot

Construcción del Servicio de Vigilancia Meteorológica por Radar en Cuba desde Camagüey. Lecciones y legado del grupo LADETEC que automatizó y sostuvo la red nacional.

Cuba es un país donde siempre ha imperado un centralismo basado en la capital, que no por gusto ha crecido mucho más que cualquier otra ciudad hasta desbordar, incómodamente, su infraestructura original. Los organismos nacionales se han nutrido desde el triunfo de la Revolución de cuadros de las provincias; sin embargo, estos enseguida desarrollan su «habanidad» y terminan viendo como algo imposible que una actividad nacional sea dirigida desde una provincia. Sí, siempre fuimos incómodos para muchos. Pero la vida demostró que lo hicimos muy bien —y lo digo tirando al suelo y pisoteando mi modestia—, los hechos están ahí y ellos cuentan mejor que yo. Escribo este post no para vanagloriarnos, sino para que pueda servir de guía a otros en esta misma actividad o en otras similares, en nuestro país o en aquellos países donde me han preguntado: ¿cómo se organiza y conduce un servicio de vigilancia meteorológica por radar? Sígame y les cuento mi punto de vista.

Premisas históricas: cómo el mando de los radares migró a Camagüey

Para entender cómo creamos y desarrollamos el Servicio de Vigilancia Meteorológica por Radar en Cuba hay que contar una serie de sucesos que condujeron a que esta actividad se desplazara a Camagüey.

El status quo

En Cuba, en 1981, había tres radares operativos: los RC-32B fabricados por Mitsubishi e instalados en La Bajada, Punta del Este y Gran Piedra desde 1973, con una concepción ciclonera (sí, radares mirando al sur) y el viejo radar ARS-3 en Camagüey, de una generación anterior. Había toda una cultura alrededor de estos radares japoneses. Vino un experimentado asesor soviético que impartió un curso de Meteorología de Radar. Se hacían observaciones completas cada tres horas.

En La Habana, en la sede central del Instituto de Meteorología en la Loma de Casa Blanca, había una Vicedirección Técnica, dirigida por Orlando Núñez Russis. Bajo su mando había un Departamento de Electrónica, donde todos eran técnicos de nivel medio, dirigidos por Gerardo Olano S.O.A., un hombre autodidacta con muy sólidos conocimientos. Los mantenimientos anuales a los radares japoneses eran todo un acontecimiento: se desarmaban los radares hasta sus más pequeñas partes, se limpiaba y engrasaba todo, y luego se ajustaba. El proceso duraba más de un mes y se hacía en los meses de invierno (temporada no lluviosa).

Aparte del Departamento de Electrónica, había un Grupo, formado por el ingeniero Aguiar con la colaboración de Diego Diéguez. Ellos se encargaban de la compra de componentes y partes y piezas de repuesto, y también se ocupaban de las inversiones. Ambos muy competentes.

La explotación de la información de los radares se efectuaba por parte del Departamento de Radares y Satélites, también bajo la dirección de Núñez. De allí recuerdo a los meteorólogos Leopoldo Córdova, Rego y Carlos Alberto Sánchez (Albertón).

Camagüey y el díscolo MRL-5 nuevo

Así estaban las cosas cuando comencé a trabajar en noviembre de 1981. Apenas un mes después, el Laboratorio Conjunto Soviético-Cubano que había comprado un radar MRL-5 transportable, lo instaló en los predios del Centro Meteorológico de Camagüey, la plaza tecnológica más fuerte que ha tenido el Instituto de Meteorología.

Este radar venía para participar en los experimentos de Influencia Activa que se realizarían año tras año en el Polígono Experimental de Camagüey desde 1982 hasta 1991, uniéndose al antiguo radar soviético ARS-3, que databa de 1966 y se había modernizado para estos fines entre 1979 y 1980.

Había un asesor permanente de los soviéticos. En ese año era el muy reputado ingeniero Román Tychina, quien había tenido a su cargo la modernización del ARS-3. El radar ARS-3 tenía una dotación de operadores muy experimentados que sí trabajaban con las metodologías nacionales. Sin embargo, la dirección nacional del Instituto prácticamente no ejercía ningún control sobre el radar MRL-5 y su explotación.

Este radar se preparaba constantemente para los experimentos y se le añadían equipos y dispositivos para la captación de información con vistas a estos fines. Los de La Habana hicieron intentos por meter el MRL-5 «en el redil» y aplicar sus metodologías de explotación, pero nada se concretaba porque el radar obedecía a las decisiones del Laboratorio Conjunto.

En la parte tecnológica no ejercían ningún control los de La Habana. Los asesores soviéticos estuvieron al mando hasta el año 1987, cuando todo lo del radar pasó a mis manos y ya no hubo más asesores soviéticos.

Cambios en la dirección del INSMET y el caos que le siguió

Fue un proceso, a mi entender, feo. El director era Jesús González Montoto, quien en ese momento hacía un doctorado en la Unión Soviética. Le sustituía reglamentariamente el ya doctorado Orlando Núñez Russis. Ambos fueron liberados de sus cargos de Director y Vicedirector Técnico (en funciones de Director), respectivamente.

En su lugar vino una junta —“interventora” la llamé yo— dirigida por Noel Toledo, a la sazón vicepresidente de la Academia de Ciencias de Cuba, quien trajo al Dr. Fabio Fajardo Moros, que un tiempo después sería nombrado director. Todos los jefes de departamentos fueron liberados de sus cargos. Gerardo Olano se fue del Instituto al ser sustituido. El ingeniero Aguiar había fallecido. En el Instituto no quedó piedra sobre piedra. Verdaderamente, no recuerdo quién sustituyó a Olano.

De Vicedirector Técnico trajeron a Mena, un militar, creo que teniente coronel. No puedo hablar de las otras áreas, pero en los radares todo se resquebrajó, Mena de radares no sabía nada y sus técnicas de dirección eran un poco bruscas para un personal civil. A mí me trataba respetuosamente y a la verdad, no me entorpecía el trabajo, aunque tampoco lo impulsaba, actuaba más bien como un espectador.

Coincidió esto con que la Academia de Ciencias, órgano al que pertenecía el Instituto de Meteorología, adoptó unos años después un funcionamiento horizontal. Las dependencias del Instituto de Meteorología en las provincias pasaron a subordinarse a las delegaciones provinciales de la Academia de Ciencias. El Instituto de Meteorología perdió su verticalidad y el control centralizado se evaporó.

El brillante y muy laborioso ingeniero Diego Diéguez hacía su mejor esfuerzo por ocuparse de los radares, pero enfermó de leucemia un poco después de estos sucesos, hasta finalmente fallecer después de un largo proceso de enfermedad.

Éxitos en la automatización y la creación de LADETEC

En Camagüey siempre estuvimos un poco alejados de lo que ocurría en la sede central. Teníamos un cúmulo de tareas vinculadas con los experimentos de Influencia Activa y estábamos inmersos en un permanente torrente de innovación tecnológica, impulsados por la colaboración soviética y fundamentalmente vinculado al radar MRL-5.

Inicialmente éramos succionados al torbellino innovador por los asesores soviéticos, y luego seguimos por cuenta propia. Habíamos desarrollado el procesador de señales BOMO, bajo la dirección del asesor Vilory Kravtchenko, y luego habíamos logrado el importante resultado del Sistema HERMES.

Así las cosas, la Dra. Rosa Elena Simeón Negrín, presidenta de la Academia de Ciencias, habiéndose percatado de nuestra potencialidad, nos dio un espaldarazo: nos asignó cinco plazas —en un momento en que la institución se contraía— y creó el Laboratorio de Desarrollo Técnico (LADETEC). Era algo fuera de estructura, solo un grupo de investigación y desarrollo que, además, ejecutaba el servicio técnico a los cinco radares que había en ese momento en el Centro Meteorológico de Camagüey: el ARS-3, el MRL-5, dos radares de sondeo aerológico (el Meteorit-2, estacionario y el Meteor, móvil) y un Lidar.

Para el momento de su creación, LADETEC ya tenía un historial previo con unos cuantos hitos y un muy bien definido modus operandi. Trabajábamos infatigablemente y desarrollamos nuestra propia y muy eficaz filosofía para ejecutar proyectos, ejecutada muchas veces a contrapelo de las normativas establecidas.

La consagración de LADETEC y la responsabilidad nacional

El BOMO (1983), el HERMES (1988), el Operador Automático del radar (1992), el Sistema ARGOS (1993) —que ya gobernaba todo el radar y hacía observaciones volumétricas completas— nos hizo envalentonarnos y pedirle al director del INSMET, Fabio Fajardo Moros, que nos concediera un radar MRL-5 nuevo, que vagaba de un lado a otro sin ubicación, para montarlo nosotros y fabricar una maqueta de Radar Meteorológico Cubano, con mando solamente automático a través de computadora.

Nos lo concedieron. Lo montamos sin asesoría del fabricante y fue todo un éxito. El 3 de abril de 1997 lo inaugurábamos y, al día siguiente, el director general Dr. Tomás Gutiérrez nos concedía el mando de los destinos de la automatización de los radares cubanos, zanjando una vieja disputa con ingenieros de La Habana.

A esto hay que sumar que, ya desde inicios de los años 90, las provincias que tenían radares MRL-5, en coordinaciones horizontales (de provincia a provincia), nos habían pedido que fuéramos a sus radares y diéramos mantenimientos. Al modernizar y automatizar nuestro radar MRL-5 en la Loma de la Mula, prácticamente todas las provincias con radar querían que hiciéramos la modernización del suyo, también en los radares japoneses RC-32B. Pero ya el Dr. Tomás Gutiérrez retomaba la verticalidad del Instituto de Meteorología y nos encargó oficialmente esta tarea.

La creación del Centro de Radares en el año 2003

El 13 de febrero de 2003, el Dr. Tomás Gutiérrez, en un acto atrevido que a muchos no gustó, decidió crear el Centro Nacional de Radares, con sede en Camagüey. Confieso que hasta para mí fue una sorpresa.

Hasta ese momento, la actividad de explotación y uso de los radares estaba en el Centro de Atención a la Red de Estaciones (CARE). Sin embargo, el CARE realmente no tenía nada que ver con los radares: ellos se dedicaban a normar y controlar el trabajo de las estaciones de superficie para medir las diferentes variables meteorológicas (temperatura, humedad, viento, lluvia). Eso era muy diferente al trabajo de los radares.

Al ir implantando la automatización de los radares —para ese momento ya estaban automatizados Camagüey, Pico San Juan, Punta del Este y Casa Blanca, y trabajábamos en el de La Bajada— se introducían cada vez más contradicciones con el trabajo de la red de estaciones de superficie.

Lo sé: para muchos, aquel 13 de febrero de 2003 fue un disparate. Un Centro (Nacional) de Radares en Camagüey sonaba a oxímoron, igual que “músico sordo” o “área verde que dirige”. Pero los resultados se encargaron de demostrar que el disparate lo habían hecho ellos durante años, dejando la red de radares sin control. Tomás simplemente puso las cosas en su lugar: el mando donde había capacidad, no donde dictaba el mapa. En realidad, Tomás no inventaba nada, solo refrendaba una realidad: ya nosotros nos habíamos ganado el prestigio y la aceptación tácita de nuestro liderazgo en todos los radares.

El desorden heredado (cuando cada radar era un mundo aparte)

El empujón definitivo

En el año 2004, el Comandante en Jefe nos asignaba una tarea importantísima: la fabricación de un prototipo de Radar Meteorológico Cubano (Doppler). Los muchachos del Grupo de Apoyo del Comandante en Jefe (lea el post Transversalizar en Cuba: historias de radares y ciencia), al familiarizarse con la situación, comprendieron que debíamos terminar con la automatización de todos los radares, que venía haciéndose por proyectos gestionados por las provincias provenientes de distintas fuentes.

La culminación de la automatización

En el año 2005, ante la urgencia de los trabajos de Lluvia Provocada en el norte del oriente cubano, se trajo de Venezuela un moderno radar METEOR-1500S, nuevo, y procedimos a montarlo nosotros mismos. Lo hicimos en tiempo récord y lo incorporamos a nuestra red de radares.

En el año 2006 culminamos con los radares de Gran Piedra y Pilón la automatización, modernización e informatización de toda la red. Estaban ya todos los radares trabajando en un modo diferente al que tenían antes de 1997. Sin embargo, el CARE había mantenido las normativas metodológicas de observaciones cada 3 horas. Era como conducir un Ferrari de carreras a 30 km/h.

Infraestructuras dispares

Por otra parte, cada edificación de radar tenía sus características que las diferenciaban unas de otras. Unas grandes y espaciosas que se acostumbraba a usar como albergue para la ejecución de otras actividades; otras eran muy apretadas.

El radar de Casa Blanca estaba en una edificación de la sede central. Los de Camagüey y Holguín estaban en las cercanías de la ciudad. En tanto que los de La Bajada, Punta del Este, Pico San Juan, Pilón y Gran Piedra estaban en sitios remotos, de difícil acceso. Los de Pico San Juan, Pilón y Gran Piedra en sitios muy elevados. La Bajada y Punta del Este a nivel del mar y muy cerca de la costa, pero alejados de la civilización. Las dotaciones se acomodaban a las características de cada lugar.

Tecnologías heterogéneas

En algunos sitios había personal técnico, en otros no. Tecnológicamente, los tres radares japoneses (RC-32B) eran los más atrasados. Los cuatro soviéticos (MRL-5), a pesar de haber sido simplificados por la automatización, tenían circuitería compleja.

El de Holguín era la joya de la corona: un moderno radar Doppler a klistrón, a diferencia de los otros siete que eran sistemas a magnetrón —los japoneses ya tenían todas sus piezas gastables adaptadas con componentes soviéticos (magnetrones, klistrones y tiratrones).

El peor obstáculo: el provincialismo

Sin embargo, el peor problema al que tuve que enfrentarme era el sentido provincialista muy arraigado. Ocho radares, catorce provincias. No todas tenían radares. Las ocho que tenían radares se sentían poderosas; las seis restantes, huérfanas.

Cada uno de los ocho directores provinciales dictaba sus condiciones para la explotación de sus radares.

¿Cómo se conformó mi concepción sobre un servicio de vigilancia meteorológica por radar?

Yo nunca pensé que me tocaría lidiar con la explotación de los radares, es más, miraba hacia eso con cierto desdén. No aplica el dicho de que «no hubo boca que habló que Dios no castigó» porque yo en realidad nunca lo exterioricé. Mi amigo, Juan Carlos Antuña que trabajó en esa área en sus primeras «nupcias» trataba de halarme para eso, pero yo me resistía. El Dr. Orlando Núñez Russis también me platicaba de esos temas; pero yo solo lo oía por cortesía. A mí solo me interesaban los aspectos técnicos, me refiero a los «hierros», la electrónica del radar. El refrán que sí aplica es: «al que no quiere caldo, le dan tres tazas» y sí que me las dieron, bien servidas…

Supongo que el origen de mi concepción sobre una red de radares habría que buscarlo en el curso de Nalchik con el Profesor Abshaev. Yo formaba parte del grupo de ingenieros, pero el entrenamiento abarcó los más diversos aspectos, no solo los ingenieriles. A mí me resultó fascinante ver la completitud del trabajo que hacía el Centro Antigranizo del Instituto Geofísico de la Alta Montaña. No era solo electrónica, era la calibración, el servicio técnico, la capacitación, tanto de ingenieros como de meteorólogos, los métodos de detección de granizo y la teoría de radiolocalización meteorológica al más alto nivel del mundo. Una pasantía de cuatro meses allí cambió radicalmente mi concepción del trabajo con los radares y creo que más del 85% de lo que implementé en Cuba proviene de allí.

Mis numerosas pasantías en Canadá (7), Estados Unidos (1), Italia (1), Inglaterra (3) y Alemania (3) complementaron y me rellenaron diferentes aspectos en los que no había pensado originalmente, no me refiero a los aspectos tecnológicos, que era lo que yo, obviamente, iba a buscar, me refiero a cuestiones de explotación y aspectos teóricos de la Meteorología de Radar. Me parecía que era un desperdicio estar allí con los más grandes exponentes de la Meteorología de Radar y no aprovechar para dilucidar inquietudes que me surgían, incluso mucho antes de tener la responsabilidad del servicio de vigilancia sobre mis hombros. Al principio era solo curiosidad teórica, más tarde ya eran imperativos para buscar soluciones a nuestros problemas.

De cada una de estas visitas me llevé cosas importantes para el servicio de radar en Cuba.

Principios sobre los que se basó el Servicio de Vigilancia Meteorológica por Radar de Cuba

Tal vez en el momento en que me otorgaron la responsabilidad el 13 de febrero de 2003 yo no hubiese podido formular estos principios tan claramente como lo hago ahora; pero obviamente estos fueron los ideales estratégicos por los cuales luché con numerosos zigzagueos tácticos sorteando las dificultades del día a día y las carencias.

Eficacia

«Una observación de radar no está realizada hasta que la información que se extrae de ella llegue a los usuarios finales».

Existía una muy mala costumbre de que cada uno de los actores que intervenían en todo el proceso se consideraba satisfecho con hacer su parte y algunos hacían la suya muy bien; pero todo el proceso solo culmina si la información llega a las manos de los que la van a usar para alertar sobre posibles fenómenos peligrosos, de lo contrario, es un gasto baldío. Muchos se molestaban, pero fui inflexible, los radares se evalúan por el resultado final y no por los esfuerzos que hayan realizado (cada colectivo estaba interesado en salir bien, porque existía una estimulación adicional al salario en divisas y para ganarla debían tener los mejores indicadores). Solía recordarles un viejo refrán cubano (de cuando éramos una potencia azucarera): «los centrales no muelen esfuerzos, muelen caña para producir azúcar». Lea más sobre Eficacia.

Eficiencia

«Los radares tienen que extraer la información meteorológica minimizando los costos».

Cuando empecé a hacer públicos los gastos de cada radar también muchos se molestaron, comenzando por los directores de las provincias. Los gastos comprendían salario, combustible y/o energía eléctrica y otros muchos de menor envergadura. Sí, había instalaciones de radar que tenían gastos como si fueran un hotel (que además tenían planes de incrementar, algunos directores querían competir con instalaciones turísticas), sin embargo, el radar detenía su funcionamiento y los gastos permanecían inalterables, en cambio, en los hoteles reducen el personal a un mínimo si no está prestando servicios.

Traté de minimizar los gastos y de separar al radar de todas esas otras cosas. Establecí indicadores muy significativos e incómodos: cuánto cuesta hacer una observación con cada radar. En realidad, la idea mía al respecto era bastante nebulosa al inicio, pero el ministro Dr. Fernando González Bermúdez me hizo sublimarla y despojarla de la hojarasca para denudar la cruda verdad: en algunos radares, hacer observaciones salía muy caro.

No logré todo lo que quería, pero logramos que se hicieran 18 veces más observaciones consumiendo la mitad o menos de la energía comparados con lo que se hacía antes del año 2003. Lea más sobre Eficiencia.

Homogeneidad

«Independientemente al tipo de radar y a la persona que lo explota, las observaciones de todos los radares cubanos tienen que ser sincrónicas y uniformes».

Cada radar era un «reino» aparte, en cada uno se habían establecido tradiciones muy arraigadas de hacer las cosas «a su manera» como diría Sinatra. La diversidad de tecnologías favorecía este desorden.

Pacientemente me di a la tarea de unificar y estandarizarlo todo. Servicio técnico, modos de trabajo, horarios, formatos, metodologías. Poco a poco la red comenzó a funcionar como un solo organismo.

Resiliencia

«No se trata de tener el 100% de los radares listos el 100% del tiempo, sino de tener listos los radares que juegan un papel decisivo ante cada fenómeno peligroso».

Cuba es un país poco desarrollado (lo de decir «en vías de desarrollo» es una afirmación eufemística). Mantener los ocho radares funcionando a plena capacidad es un lujo que algunos países muy desarrollados no logran sostener. Por otra parte, mucho más decisiva, Cuba es un país bloqueado por regulaciones extraterritoriales de los Estados Unidos, no solo que no podemos comprar piezas de radar con ellos, sino que obstaculizan las compras a terceros, de modo que todo viene saliendo de 3 a 5 veces más caro.

Así las cosas, yo entendí claramente que no podremos tenerlos todos a plena capacidad todo el tiempo. Se impone tener un pensamiento estratégico para colocar los recursos de modo que se logre la mayor eficacia posible en el enfrentamiento a los principales fenómenos peligrosos que afectan al país: huracanes y frentes fríos. Entre ambos tipos de fenómenos cubren todo el año, no hay «tiempo muerto» para la red de radares.

Puedo decir con satisfacción que logramos enfrentar todos los fenómenos con un 100% de efectividad (hasta el 9 de septiembre de 2022 en que prescindieron de nuestros servicios) y eso no se logró porque tuviéramos todos los radares todo el tiempo a plena capacidad, sino porque ante cada fenómeno tuvimos a pleno funcionamiento los radares que eran decisivos en cada caso para dar la mejor cobertura posible. Las Memorias del Mariscal Zhukov son una excelente enseñanza de eso. El huracán Irma y el Ike son un ejemplo de las políticas acertadas que seguimos. Las amargas experiencias de la Tormenta del Siglo me sirvieron de guía (sí, «escarmenté por cabeza ajena») para que no volviera a suceder algo así.

No hay casualidades en eso, teníamos muy bien estudiado cada tipo de fenómeno y la cobertura real que da cada radar para cada tipo de fenómeno sobre cada región de Cuba.

Nos manteníamos rigurosamente actualizados sobre el estado técnico de cada radar todo el tiempo, y ante cada posible avería teníamos un plan muy detallado de qué hacer en cada caso, el pensamiento estratégico de Leonardo fue un factor decisivo en este aspecto. Por otra parte, también nos manteníamos actualizados sobre el estado del tiempo y los pronósticos. Nunca fuimos sorprendidos por ninguna situación, Rafael siempre estaba atento y previsor de cualquier situación meteorológica. En base a esas dos informaciones elaborábamos las acciones tácticas. La UPS de Gran Piedra ante el huracán Irma fue un buen ejemplo de eso.

Comprendo la difícil situación económica que enfrenta el país, especialmente desde el 2023; pero, inconforme como soy, me molesta que las lluvias del 2024 originadas por el huracán Oscar sobre Guantánamo no estaban cubiertas por ningún radar (Holguín y Gran Piedra fuera de servicio, Camagüey y Pilón sin cobertura real sobre esa área) y el país atravesaba una seria situación energética con la caída del Sistema Electroenergético Nacional.

La situación de no cobertura se repitió en el 2025 con el huracán Melissa y estos dos radares aun fuera de servicio, por suerte, con menos daños a la población y un funcionamiento muy eficaz de los órganos (Instituto de Meteorología, Defensa Civil, Medios). Sinceramente creo que pudo haberse evitado, no creo que sea imputable al bloqueo ni a los que están ahora en el Centro de Radares. Me hubiese gustado demostrarlo, pero ya no estamos en el sistema.

No pretendo hacer críticas a nadie, comprendo que la situación del país no es la misma que cuando LADETEC estaba en la plantilla del Centro de Radares, lo que quiero decir es que nosotros siempre tuvimos cuidado extremo de no ser sorprendidos por situaciones como esas con un hueco en la cobertura como el que hay en la zona de Guantánamo desde hace ya varios años.

Por otra parte, LADETEC como empresa privada ha reiterado nuestra disposición para poner de alta esos radares, estamos convencidos que son recuperables, a pesar de los más de 50 años del Capitán Gran Piedra y a pesar de los pesares, como canta Silvio Rodríguez.

Sostenibilidad

«La sostenibilidad de los radares cubanos pasa por fabricar soluciones propias, reducir del consumo energético, simplificar el hardware en favor del software (ambos libres y abiertos), y usar los estándares de Industria 5.0 y la IA».

He insistido siempre en el punto energético. En 1997 cuando hicimos la maqueta de lo que más tarde se extendería a todos los radares como Radar Meteorológico Cubano (Automático), se puso especial énfasis en la disminución del consumo de potencia y de energía, cuando aun el mundo no hablaba de eso. La sostenibilidad de cualquier equipamiento pasa, hoy más que nunca, por una disminución «feroz» de su gasto energético.

Siempre, a pesar de que mis primeros años de trabajo estuvieron «bendecidos» por la colaboración con la Unión Soviética y que eso nos daba un respiro en los abastecimientos para los radares, pensé que Cuba necesitaba soluciones sencillas, «unisex» (iguales y compatibles con cualquiera de los tipos de radar) y basadas en piezas universales que pudieran adquirirse en un mercado amplio y no en componentes específicos difíciles de conseguir.

Hoy tal vez esto parezca normal, pero sepa el lector que ese pensamiento a principios de los 80 era avanzado hacia el futuro, en una época en que yo tenía a mi disposición una amplia base de componentes soviéticos y no tenía la más mínima sospecha de que la Unión Soviética fuera a desaparecer. Hoy LADETEC, en su sexta generación de equipamiento para radar aboga por la electrónica «open» (Arduino, FPGA y semejantes) en su sistema de procesamiento y de control.

El mundo tiende a una estandarización que ya comienza a llamarse Industria 5.0, es decir la Quinta Revolución Industrial, basada en el uso de la Internet de las Cosas y la Inteligencia Artificial.

El único modo de que en Cuba pueda sostenerse la técnica de radar es basarse en un desarrollo propio. Comprar radares es insostenible, ya se ha demostrado en el caso del radar de Holguín.

Desde el 2009 logramos introducir el uso del software ORPG para aprovechar sus algoritmos de detección automática de fenómenos peligrosos basados en la Inteligencia Artificial.

Compatibilidad

«La compatibilidad no es un lujo, es un deber: nuestros radares hablan el idioma del mundo. Los fenómenos meteorológicos no reconocen fronteras políticas».

El mundo necesita cada vez más mediciones de variables meteorológicas y que esta información esté disponible para todos, eso está refrendado en los principios de la Organización Meteorológica Mundial.

Por otra parte, Cuba ocupa una posición clave para el seguimiento de las trayectorias de los huracanes con sus ocho radares desplegados de forma que captan la recurva de numerosos huracanes hacia el norte.

Esos son dos elementos clave para pensar que debíamos hacer soluciones compatibles para que el resto del mundo pudiera usar los datos de nuestros radares. Ya desde el año 2000, en el proyecto ELBRUS, por medio del cual desarrollamos el prototipo industrial que reproduciríamos en todos los radares, incluimos la posibilidad de exportar nuestros datos en formato netCDF (ideas que adquirí en mi visita a NCAR). De hecho una vez se perdió un barco estadounidense y nos pidieron los datos de nuestros radares y se los envié en formato netCDF.

Ya en el 2009 ampliamos la compatibilidad al procesar todos nuestros radares con el NEXRAD-ORPG (VESTA|ORPG) y poner exportar nuestros datos en formato NEXRAD-Level 2. Lo último que habíamos implementado fue poner de cara a Internet nuestro software VESTA|WebView2 para poder visualizar la información de todos nuestros radares con todas sus facilidades operativas.

Las personas detrás del equipo: formación

En 1983 yo sabía muy bien lo que quería hacer en cuanto a tecnología y estaba convencido de que yo no era lo suficientemente bueno para hacerlo solo. A partir de 1990 se creó LADETEC y yo asumí una misión educativa: acortarle el camino a personas más talentosas que yo.

Para los ingenieros que me acompañaron desde principios de los 90, impartí un estudio de posgrado (auspiciado por la Universidad de Camagüey, respaldado con los respectivos certificados). El estudio consistió en los siguientes siete cursos de posgrado: Sistemas de Radar Meteorológico, Transmisores, Receptores, Antenas, Procesamiento de Señales (Doppler incluido), Procesamiento de Datos, Suministro Eléctrico. Una vez terminado, ya estábamos nivelados y a partir de ahí comenzamos a crear el sistema.

En los 90 se fue conformando el equipo de LADETEC. Sucede que los principios que enumeré en el epígrafe anterior habrían sido irrealizables sin el apoyo de los ingenieros de LADETEC, aun cuando ellos desempeñaban un rol tecnológico y, al igual que yo en mis inicios, nunca se sintieron felices con los aspectos de explotación de la información de radar. Sin embargo, aceptaron compartir conmigo los aspectos organizativos de la red de radares y su participación fue decisiva en los resultados obtenidos.

Para la creación del Servicio de Vigilancia Meteorológica por Radar, la clave del éxito fue haber diseñado correctamente las competencias laborales que esperábamos de cada cargo. Para lograr que las personas llegaran a dominar estas competencias, usamos el adiestramiento y la capacitación.

De la mayoría de los que han participado en esta aventura ya he escrito en este blog; otros están aún en borradores de mis posts: Leonardo, Roberto, Arturo, Maroto, Marco, Alexey, Rafael, Albio, Wilfredo, Luisi, Arencibia, Yasser, Darío, Vladimir, Leo, Javier, Andrés, Picón, Dennis, Yuniel, Sarmiento, Yaimé, Yumy, Yasmari, Lersys, Sachie, Geydier, Vivian, Mayrelis, Llisel, Darsys, Josmar, Jorge Félix, Yanelkis… si se me queda alguno por mencionar, lo iré incluyendo.

A la formación de muchos de ellos dediqué muchísimo tiempo; a otros los supervisé un poco más de lejos. Su aporte, el de todos, en el Servicio de Vigilancia Meteorológica por Radar ha sido fundamental. Algunos aún están en el sistema.

Sostener lo imposible: gestión de riesgos

No podía ser de otra forma: siempre fue una gestión de riesgos, un juego de malabares sobre una cuerda floja.

Ya en esa época estaba establecido: para mantener un radar meteorológico en funcionamiento hay que invertir más o menos un 10% de su costo inicial. Si tenemos en cuenta que ya por esa época los radares estaban costando más de 2 millones USD, tenemos en mente una cifra bien gruesa por cada radar. En cambio nosotros contábamos… créanme, con muchísimo menos para los siete radares que ya habían cumplido su expectativa de vida varias veces.

Cuando me asignaron la tarea del Centro de Radares en el 2003, los tres radares japoneses RC-32B tenían 30 años funcionando. Sus otros seis homólogos en el Caribe habían desaparecido hacía años. Los cuatro radares MRL-5 databan de principios de los 80, pero fueron radares fabricados con una tecnología que salió en producción en 1975, contemporáneos con los RC-32B, y el país que los fabricó ya no existía. O sea, radares muy viejos sin soporte del fabricante. El moderno radar METEOR-1500S estaba por llegar sorpresivamente en el año 2005.

Arriba de eso… el bloqueo, la persecución de cada posible adquisición de piezas y partes de radar, una tecnología que no se compra en cualquier ferretería. Traer cualquier cosa a Cuba cuesta de 3 a 5 veces más y sigue un largo y demorado periplo para eludir “los radares del bloqueo”. Compras “furtivas” pudiéramos llamarlas. Sin garantías, sin servicio de posventa. Sin margen al error.

Hoy en día los servicios técnicos tratan de mantener sus stocks a un mínimo: si hace falta una pieza se compra y llega en horas. Pero, “gracias” al bloqueo estadounidense, a nosotros no nos funciona así. Entonces, por una parte hay que comprar y almacenar con antelación; por otra parte, el presupuesto para comprar es bajo. ¿Qué comprar? No se puede tener repuesto de todo. Una obra de arte de la “adivinación”.

Pues nos volvimos expertos en las compras. Hacer los listados para comprar una vez al año y vivir un ciclo anual, a veces bianual, es uno de nuestros mayores aciertos. Arturo fue el artífice mayor, y alguien se dio el lujo de prescindir de él sin un sustituto (Ay Rosa Elena, mejor que no sepas de eso, dondequiera que estés). Lea mi post ¿Nos vamos de compras por Broadway?

No basta solo con saber comprar. Yo tuve otra carta triunfadora bajo la manga en ese juego de póquer. LADETEC no solo era un grupo de desarrollo: éramos también los mismos ingenieros que ejecutábamos el servicio técnico a los radares de forma centralizada. Hoy en día se ha puesto de moda decir a la ligera sobre cualquier actividad que “está basada en la Ciencia y la Innovación”. Nosotros podemos “llenarnos la boca” para decir que el servicio técnico a los radares lo sostuvimos durante muchos años a pura innovación. Lea el post Filosofías de servicio técnico.

La gestión de riesgos estaba presente en las compras porque partía de un sistema de planificación sui géneris. El sistema de planificación estaba basado en un conocimiento profundo del estado de la técnica en cada radar. Sabíamos muy bien qué comprar para reponer un circuito viejo y qué comprar para sustituir ese circuito viejo por medio de una innovación avanzada, simplificando y pasando al software la mayor cantidad de funciones.

A la planificación dedicábamos mucho tiempo Leonardo, Roberto, Arturo y yo. Los resultados en el performance siempre creciente de los radares nos recompensaron esos desvelos. Nos tomó muchos años adquirir esa experticia, nos despidieron sin tener sustitutos y nosotros, de todo corazón, les deseamos éxito al INSMET y al CITMA en esa tarea. De cualquier modo, nuestra oferta en servicios de asesoría y capacitación LADETEC siempre la tiene disponible para nuestro país.

La información de radar: de las pantallas PPI a la Internet

Cuando comencé a trabajar, lo que había era solo un operador de radar viendo una pantalla PPI/RHI y transmitiendo por radio lo que veía en un código muy breve. Con la automatización, la cantidad y calidad de la información creció inconmensurablemente.

LADETEC está entre las muy pocas instituciones del mundo (menos de 10) que tienen hardware y software propio para fabricar completamente un radar sin usar ningún diseño extranjero, un desarrollo 100% cubano. Disponemos de un sistema para el control del radar, un sistema para el procesamiento primario (de las señales), un sistema para el procesamiento secundario (de los datos) y un sistema para visualización web de la información de radar. Lea el post sobre los aspectos informáticos en los radares meteorológicos.

El sistema implementado en los radares cubanos ejecuta sin participación humana la adquisición de la información, con chequeo de calidad (que envía mensajes por correo electrónico o por sms al servicio técnico cuando ocurre que algún parámetro de radar queda fuera de sus valores nominales). Lea el post sobre los aspectos automáticos.

El sistema de procesamiento de los datos resuelve la conversión de los datos captados en variables meteorológicas (reflectividad en todos los radares, velocidad y ancho espectral en los radares Doppler). El sistema calcula la intensidad de precipitación instantánea y acumulada y realiza la supresión de ecos no meteorológicos. Gracias a la adaptación del NEXRAD-ORPG, los radares cubanos disponen de los más sofisticados algoritmos para la detección automática de mesociclones, tornados, granizadas, tormentas, por medio de esquemas que usan inteligencia artificial. Lea el post sobre procesamiento de los datos.

Un punto importante es la calibración. Allá por 1984 hicimos un calibración del radar de Camagüey con esfera colgando de un helicóptero; pero nunca más se dieron las condiciones para repetirlo. El sistema ahora implementa facilidades para la calibración por medio del sol. Leonardo mantenía una intercalibración casi diaria de unos radares con otros, aprovechando como origen la calibración del de Casa Blanca con el WSR-88D de Cayo Hueso. Lea el post sobre la Calibración.

La Meteorología de Radar y el Segmento de Última Milla

Como han podido apreciar, el proceso de radiolocalización meteorológica —que no es más que el proceso de obtener información meteorológica de la atmósfera por medio de radar— consta de varias etapas: adquisición de la información, procesamiento de las señales, procesamiento de los datos, generación de imágenes, análisis e interpretación de la información y, por último, la comunicación de esta información.

A estos últimos aspectos dediqué no pocos esfuerzos y allí se centran mis mayores inconformidades (lea el post El fracaso no es caer, sino negarse a levantarse). Para el momento en que asumí la creación del Centro de Radares, la Meteorología de Radar había desaparecido totalmente como especialidad en Cuba. El Departamento de Radares y Satélites en la sede central ya no existía; el único superviviente de aquel grupo, Carlos Alberto Sánchez (Albertón), trabajaba en el Departamento de Pronósticos.

En realidad, lo único que tenía era un grupo de operadores en algunos radares que tenían gran experiencia en la interpretación de las imágenes de los antiguos indicadores PPI/RHI. Al automatizar los radares, la Operación de los Radares por humanos no era necesaria. Pude haber convertido a los operadores en custodios, pero no lo hice; la vida lo hizo por mí. Los operadores experimentados se fueron retirando y ya no hubo estímulo salarial para tener en los radares personas de buena calificación. Mis colegas ingenieros de LADETEC abogaban porque hiciéramos eso, pero mi concepción humanista me lo impedía.

Mi visión era lograr tener en cada provincia —y claro, también en el Centro Nacional de Pronósticos— un Meteorólogo de Radar en cada turno de trabajo. Contaba yo con formarlos como especialistas partiendo de que se graduaran del InSTEC, donde se estudia la carrera de Meteorología. Iluso de mí. Por regla general, los graduados del InSTEC no retornaban a las provincias. Ahora mucho peor: ni siquiera se quedan en Cuba. Lea el post Es lo que se dice «trabajar pal inglés»…

Mi primera iniciativa en favor de la Meteorología de Radar fue traducir el libro El Radar para los Meteorólogos de mi amigo, el Profesor Rinehart, a quien conocí en mi pasantía en NCAR. Fue un esfuerzo gigantesco: me tomó seis años. Aunque nadie lo hubiera leído —que creo que sí, que muchas personas se han leído mi versión en español—, para mí fue un aprendizaje fenomenal por la interacción directa con el autor. Puedo decir que traduciéndolo me hice Meteorólogo de Radar. Rinehart quedó muy contento con la interacción y con el resultado; de hecho incluyó en el libro algunos artículos míos, lo cual me honró muchísimo.

Lo segundo importante fue crear el grupo de Meteorología de Radar. Traje a Rafael, que era operador de radar de Camagüey, y le encargué la tarea. Comenzamos a desarrollar metodologías de análisis e interpretación de la información de radar. La idea original era desarrollar esas metodologías, transmitírselas a los operadores y a los futuros meteorólogos de radar que yo soñaba con formar en los centros meteorológicos provinciales, y luego chequear el cumplimiento de las mismas. No sucedió así: resultó que las metodologías quedaron para ellos mismos. Bueno, “del lobo, un pelo” —como dice el refrán—, algo es algo. Algunos operadores en los radares las han asimilado.

Si bien la detección anticipada de fenómenos peligrosos (tornados, aeroavalanchas y granizos) por medio del radar continúa siendo una tarea pendiente —claro, hay muy honrosas excepciones, pero yo hablo en general—, con respecto a los ciclones sí tenemos una metodología muy efectiva. Lea el post Radares versus Ciclones. Los boletines creo que se mantienen en el formato que diseñamos.

También creo que ha sido muy útil el trabajo que hicimos sobre la presentación y divulgación de la información obtenida por medio del radar. Lea el post El segmento de última milla y el post Las imágenes de radar con valor añadido. Por los trabajos que presenté en conferencias internacionales de la OMM sobre pronóstico inmediato y a muy corto plazo (2009 en Whistler, Canadá, y 2012 en Brasil), creo que fuimos pioneros en este campo.

He impartido cursos, entrenamientos y conferencias de uso del radar meteorológico en Venezuela, Colombia, Nicaragua, Honduras y Guatemala. Todavía estoy listo y abierto a brindar mi asesoría y capacitación si alguien lo necesita.

Epílogo

Cuarenta y cinco años después de aquel noviembre de 1981 en que entré por primera vez en un radar, miro hacia atrás y veo una cadena de decisiones —algunas sabias, otras erróneas, casi todas tomadas en circunstancias límite— que permitieron que Cuba tuviera un Servicio de Vigilancia Meteorológica por Radar digno de ese nombre. Lo construimos desde Camagüey porque no nos quedó más remedio, pero también porque supimos ganarnos el derecho a hacerlo.

No todo salió como soñé. La Meteorología de Radar no alcanzó el desarrollo que hubiera querido. El equipo que formé con tanto esfuerzo fue desarticulado. Pero los radares siguen girando —los que dejamos en pie— y la información sigue fluyendo hacia quienes la necesitan. Eso, al final, es lo que cuenta.

Si este largo relato sirve a alguien que hoy enfrenta el desafío de construir o sostener una red de radares con recursos escasos, habrá valido la pena. La tecnología cambia, los nombres de los equipos se olvidan, pero los principios —eficacia, eficiencia, homogeneidad, resiliencia, sostenibilidad, compatibilidad— son universales. Y también lo es la lección de que un grupo pequeño, bien formado y con un propósito claro, puede hacer cosas que parecían imposibles.

A mis compañeros de LADETEC, los que siguen y los que ya no están: gracias. Esto no fue obra de una sola persona.

A los que vienen: el radar sigue esperando. La atmósfera no descansa, y Cuba necesita seguir vigilándola. Ahí les dejo el testimonio de cómo lo hicimos. Ustedes sabrán cómo hacerlo mejor.