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Epopeya del Doppler Cubano-10. El escabroso regreso del hijo pródigo

«Epopeya del Doppler Cubano-10» narra la audaz decisión de trasladar el prototipo del radar Doppler desde la Loma de la Mula hasta el Centro Meteorológico de Camagüey, una mudanza que combinó razones logísticas, técnicas y un compromiso ético con el servicio a la aviación. Este capítulo relata cómo

«Epopeya del Doppler Cubano-10» narra la audaz decisión de trasladar el prototipo del radar Doppler desde la Loma de la Mula hasta el Centro Meteorológico de Camagüey, una mudanza que combinó razones logísticas, técnicas y un compromiso ético con el servicio a la aviación. Este capítulo relata cómo el equipo de LADETEC, liderado por Albio y Leonardo-Ichi, desmontó y transportó intacta la cúpula de fibra de vidrio de más de cinco metros de diámetro en una hazaña que por sí sola merecía reconocimiento, y cómo el radar demostró su valía durante el huracán Irma detectando tornados embebidos en tiempo real. Descubra los motivos ocultos detrás de la mudanza —desde los problemas del radioenlace y las interferencias de las TRT hasta la necesidad de mejorar la detección de cizalladura del viento para la aviación— y el regreso del «hijo pródigo» a su origen.

«El escabroso regreso del hijo pródigo» narra la compleja y audaz decisión de trasladar el prototipo del radar Doppler desde la Loma de la Mula, donde había operado desde 1997, de regreso al Centro Meteorológico de Camagüey —el «regreso del hijo pródigo» a su origen. El capítulo explica las múltiples razones de esta mudanza, que iban mucho más allá de la simple logística: los viales en deterioro que dificultaban el acceso, la escasez de combustible y transporte que afectaba a los operadores (que trabajaban en turnos de 24 horas y exigían bicicletas para recorrer 10 km desde la ciudad), el frágil radioenlace de voz y datos que sería insuficiente para la enorme cantidad de información Doppler, las interferencias electromagnéticas de la unidad de las TRT, y un motivo técnico de alto vuelo: desde la Loma de la Mula, el radar estaba prácticamente ciego para detectar la cizalladura del viento longitudinal con la pista del aeropuerto —el fenómeno más peligroso para la aviación. El autor subraya que, aunque nadie les exigió priorizar el servicio aéreo, lo consideraron un deber ético por dos motivos: los radares Doppler nacieron para proteger a la aviación de tornados y aeroavalanchas, y además, debían corresponder al General Rogelio Acevedo, quien había hecho posible el proyecto. La mudanza en sí fue una hazaña técnica: desmontaron la cúpula de fibra de vidrio de más de cinco metros de diámetro sin desarmar los pétalos y la trasladaron en una «zorra» por caminos irregulares, amarrada con sogas gruesas, sin que se rajara —una proeza que, según el autor, bastaría para pasar a la historia como un grupo de ingenieros excepcionalmente innovadores. El regreso al Centro, aunque perdía unos 15 metros de altitud y algo de cobertura, demostró ser la decisión correcta: durante el huracán Irma, el radar Doppler cubano detectó y siguió tornados embebidos en tiempo real, mostrando una cobertura excelente que justificaba plenamente el traslado. Y cuando el lector crea que la historia está lista, el autor advierte que la puesta a punto final aún guarda sorpresas —»espera que ya verás», como el Lobo a la Liebre en los dibujos animados soviéticos. Aquí va narrado en primera persona.

¿Y si sí? El bichito de la duda

Nosotros ya teníamos casi todo a principios del 2011 (procesador + receptores analógicos, con STALO), apenas unos meses después del mambo, pero …

El primer MRL-5 en Cuba se instaló en versión transportable en los predios del Centro Meteorológico de Camagüey. No sé si por las vibraciones del vagón, o por los 10 años de explotación intensiva en los experimentos de Lluvia Provocada, para 1994 era un radar con muchos «falso-contactos» que provocaban una avería semanal o más. Fue cuando nos decidimos a pedirle al director general, Fabio Fajardo, que nos dieran un nuevo MRL-5 que el Instituto de Meteorología había recibido después de una larga disputa. En 1997 lo montamos en la Loma de la Mula como la maqueta del Radar Meteorológico Cubano (Automático). Este radar, de tanto rodar y el tiempo almacenado (desde 1990) venía con algunos problemas, de modo que en la Loma de la Mula terminamos montando un híbrido con cosas de este y de aquel. A los efectos, el Radar de Camagüey pasó del Centro a la Loma de la Mula.

Y de repente, al mostro Albio se le ocurrió …»y que tal si lo montamos de nuevo en el Centro». Algo así como «Back to the Future». Sonaba a locura, pero verbalizaba una realidad: la verdadera locura era la puesta a punto de un radar nuevo en las condiciones logísticas de la Loma de la Mula. Por otra parte, había algo en nosotros que se resistía a esa idea, en la Loma de la Mula éramos felices, nosotros (los ingenieros de LADETEC), los operadores y el radar también. Más espacio, un edificio cómodo, mejor cobertura (más elevado), excelente vista hacia la manigua, dominando visualmente la ciudad (podías hacer nowcasting solo con binoculares); pero … había sus porqués.

Elementos logísticos

Habían pasado 14 años de la inauguración. En la loma detrás de nuestro radar, al mismo tiempo que se inauguraba el nuestro, se inauguraba un radar secundario del aeropuerto junto a una unidad de las TRT. Los constructores llamaban a nuestro radar «el de los pobres» y al de ECASA (aeropuerto), «el de los ricos», en cambio, el Primer Secretario del PCC en la provincia, Carlos Díaz Barranco, llamaba a nuestro radar «la obra del siglo en Camagüey». ECASA, obviamente, un organismo poderoso, se encargaba de mejorar los viales y eso nos favorecía. Pero ya para el 2011, ECASA había trasladado y modernizado su radar para los predios del aeropuerto de Camagüey. Los viales habían empeorado, el marabú los iba estrechando día a día.

Por otra parte, el Centro Meteorológico de Camagüey había empobrecido, menos transporte, menos combustible. Los operadores trabajaban desde el inicio en turnos de 24 horas. Ante la escasez de transporte y combustible la dirección/administración del Centro puso a los operadores en régimen semanal. Estos no estuvieron de acuerdo y decidieron que seguirían entrando por su cuenta (unos 10 km desde el centro de la ciudad) en turnos de 24 horas; pero exigieron que les vendieran bicicletas.

Les gestionaron las bicicletas; pero el camino en mal estado acabó rápido con las gomas y era un estado perenne de descontento. Les llevaban la comida una vez por semana, pero había que llevarles el pan diario (y muchas veces no se podía). Las logística era cada vez más complicada.

Albio, que era el que manejaba nuestra «guagüita» (un van Ford del donativo chino del año 2007), protestaba cada vez que lo requerían para llevar el pan o alguna otra gestión porque las gomas se dañaban y el marabú arañaba los costados del «Balamovil» (porque a Albio le decíamos «La Bala» y al carro el Balamóvil). Albio se tomaba muy a pecho lo de cuidar nuestro transporte, pero no era su única preocupación para proponer esta mudanza. Por otra parte, aunque Albio fuera el que lo expresara más vehementemente, a todos nos dolía seriamente este asunto y sabíamos que la puesta a punto iba a requerir viajar a diario y tal vez varias veces al día. Recuerde mi lector que LADETEC no era solo un grupo de desarrollo dedicado solamente a lo del Doppler. Éramos el brazo técnico que sostenía al Servicio de Vigilancia Meteorológica por Radar en Cuba.

Hasta aquí lo que la mayoría dominaba; pero había otros motivos técnicos que no eran de dominio público.

Elementos técnicos

Otro asunto es que el radar se comunicaba por un radioenlace de voz y datos. Las descargas eléctricas lo dañaron en más de una ocasión y las condiciones de propagación lo anulaban o lo ponían ruidoso e ineficaz en no pocas ocasiones. Albio que se ocupaba de los asuntos informáticos de todo el Centro de Radares y lo hacía de forma innovativa como ingeniero de LADETEC, sabía que el flamante Radar Doppler Cubano, desde la Loma de la Mula, iba a ser un gigante atado por un hilito. Con ese radioenlace no podríamos pasar toda la información (mucho mayor que la de un radar convencional no-Doppler) que iba a generar este radar y esto no era un asunto menor. Siempre he sostenido el criterio (y Albio era mi mayor apoyo en esto) que una observación de radar culmina cuando llega a los ojos del usuario final en su forma más completa y no hay que olvidar, que nuestro usuario mayor es el Centro Nacional de Pronósticos en Casa Blanca (Rubiera para la enorme mayoría del pueblo).

De no menor importancia es que la unidad de las TRT causaba una interferencia feroz (no en la frecuencia del radar, sino en general, creaban un campo electromagnético muy potente). Contrario a lo que habían prometido cuando le dimos el permiso en Planificación Física (sí, nosotros estábamos primero), a pesar de nuestras múltiples quejas, no resolvían el problema y dejaban la antena radiando sin moverse apuntando hacia nosotros (no por mala voluntad, sino porque el viento predominante la colocaba en dirección a nosotros).

Y había un último motivo técnico que solo discutimos entre nosotros cinco (Leonardo-Ichi, Roberto, Arturo, Albio y yo). Desde la posición de la Loma de la Mula, el radar Doppler prácticamente estaba ciego para ver la cizalladura del viento longitudinal con la pista del aeropuerto (la más peligrosa). La posición en el Centro Meteorológico de Camagüey no es óptima, pero es mejor que la de la Loma de la Mula para este particular.

Para no hacer aquí una explicación técnica detallada, le recomiendo al lector interesado que se lea estos dos posts que explican el problema de la cizalladura y los criterios técnicos para ubicar un radar Doppler para dar servicio a un aeropuerto: La cizalladura del viento, el enemigo mortal de la aviación y ¿Dónde ubicar un radar meteorológico para dar servicio a un aeropuerto?

El Radar Doppler Cubano se diseñó para brindar información al servicio meteorológico cubano. Nadie nos exigió nunca que tuviéramos presente el servicio a la aviación; pero, para nosotros esto era un deber ético y moral por dos motivos: Primero. Porque los radares Doppler nacieron para pescar tornados y aeroavalanchas por las pérdidas de la aviación. Segundo. Nosotros sentíamos un gran compromiso con el servicio a la aviación por el extraordinario aporte del General de División Rogelio Acevedo en lograr este desarrollo. Caramba, debíamos corresponder y ser agradecidos, aparte de que mejorar los servicios meteorológicos de la aviación es un beneficio para todo el país.

Y como sé que detractores nunca faltan les voy a explicar que en LADETEC nunca hemos tomado decisiones festinadas, siempre hemos analizado y calculado todo y ese es uno de nuestros factores de éxito para haber cosechado numerosos hitos. Sí, perdíamos unos 15 metros de altitud. Obviamente eso tiene implicaciones en la cobertura, ésta empeora; pero nosotros somos ingenieros y nos gustan las cosas exactas ¿en cuánto empeora? es la pregunta que decidimos respondernos. Hice cálculos y más cálculos, en todas direcciones. El resultado es que …no tanto, el resto de las cosas pesaba más.

Si alguien quiere juzgarme, diré como los romanos «Res Non Verba» (no malicioso lector, lo de res no tiene que ver con la carne de vaca), los invito a ver el seguimiento que dio el Radar Meteorológico Cubano (RD-200SX) al huracán Irma (lea el post Radares cubanos vs Huracán Irma). No solo captamos las imágenes de intensidad (Reflectividad), sino que captamos en tiempo real los tornados embebidos en el huracán Irma a su paso por el norte de Camagüey y Ciego de Ávila, que contribuyeron a la inusual devastación en esta zona, gracias a la información de Velocidad (Doppler). En otro post expliqué por qué esto es importantísimo. Nosotros nos sentimos muy orgullosos del desempeño de nuestro Radar Doppler Cubano en su enfrentamiento al huracán Irma, vea las animaciones y mire por sí mismo si nuestra cobertura con ese radar es buena o no. Vean desde dónde hasta dónde detectó y siguió a este huracán.

Por todo lo anterior, tomamos la decisión (no recuerdo la fecha exacta, supongo que a inicios del 2011, tal vez mis colegas recuerden mejor) de mover el radar para el Centro. A la luz de todo lo que ha venido después, fue una sabia decisión. La vida nos ha dado la razón, hoy en día no pueden sostener el radar en el centro, ahora imagínenlo en la Loma de la Mula.

Una vez tomada la decisión, se aprovechó lo que iba a ser una torre para tanques de agua elevados se convirtió en la nueva casa del radar. Lo digo así rápido, pero lograrlo en breve tiempo fue una epopeya que merece un post aparte. El «mostro» Albio y el «mostro» Leonardo hicieron gala de sus dotes de ingenieros aplicados a la construcción.

De una chispa (Iskra) nacerá la llama, dijo Lenin

No recuerdo la fecha exacta en que la torre estuvo lista para alojar el radar, tal vez Dositeo lo pueda determinar a partir de sus apuntes, supongo que fue en noviembre de 2011. Sé que en diciembre del 2011, el mecanismo de giro de la antena del radar de la Loma de la Mula tuvo una falla fatal (o tal vez no tanto, pero eso era lo que parecía en ese momento). Para resolverlo habría que usar partes del pedestal del antiguo radar que estaba en el centro. Esa fue la chispa (Iskra). Leonardo-Ichi dio la orden: poyéjali, como dijera Gagarin, y se iniciaron las gestiones de grúa y una «zorra» (camión-rastra largo y bajo) para el traslado y se desató la locura.

Eppur si muove

Yo estuve en el curso en Nalchik, tuve asesores soviéticos experimentados y oí muchas historias de radares volcados por moverlos con la cúpula sin desarmar. Ya sé que siempre sueno inmodesto y grandilocuente; pero lo diré de todos modos. Bastaría este desmontaje de la cúpula sin desarmarla y su traslado exitoso al centro para haber pasado a la historia como un grupo de ingenieros excepcionalmente innovadores y arriesgados.

El problema es que esa cúpula había sido fabricada en 1990 y montada en 1997. Nuestro sol tropical castiga duro a la fibra de vidrio y la calcina, cualquier movimiento inadecuado la hubiese rajado. Imaginen trasladar una copa de vidrio fino de más de cinco metros de diámetro sin que se rompa, traqueteando sobre una zorra por un camino muy irregular, amarrada con gruesas sogas … pero ya nosotros éramos ingenieros muy experimentados, teníamos unos cuantos montajes a nuestras espaldas. No en balde a Leonardo, Roberto y Arturo les ofrecieron salarios astronómicos para trabajar en la prestigiosa fábrica alemana (SELEX-Gematronik, hoy Leonardo-Germany) en el año 2010.

Se desmontó la cúpula del radar sin desarmar los pétalos, se trasladó, se calafateó, se pintó y se puso sobre el pedestal (ya reparado) en el Centro Meteorológico de Camagüey en su nueva torre … hasta el sol de hoy. Otra oportunidad más que se perdió el Sindicato de las Ciencias para haber entregado una Bandera de Proeza Laboral. Si quiere puede leer con más detalle en el post: Caminante no hay camino, se hace camino al…montar radares.

Por supuesto, el resto del equipamiento del radar también se trasladó y se montó en su nueva (y actual) morada. Comenzaba el montaje eléctrico y la puesta a punto. Ya estaban todos los componentes. El radar de Camagüey, el hijo pródigo, regresaba a su origen, y no, no me refería a la parábola de Jesucristo.


Habiendo vivido lo que narraré en el próximo post sobre la puesta a punto final y la puesta en marcha, creo, sinceramente que desde la Loma de la Mula hubiese sido muy difícil hacerlo, imaginen tener que venir varias veces al centro a buscar este componente o el otro, requerido de forma inesperada … Mi impaciente lector dirá, bueno ya, ahora sí ¿qué cuento va a inventar ahora? «Espera que ya verás», como le decía el Lobo a la Liebre en los recordados animados soviéticos.