Epopeya del Doppler Cubano-3. Fidel y Rubiera: la conversación que dio la arrancada
«Epopeya del Doppler Cubano-3» relata el instante decisivo en que Fidel Castro, en medio del huracán Iván, encargó la fabricación del primer radar Doppler cubano de la mano del Dr. José Rubiera y los ingenieros de LADETEC. Este capítulo revela la conversación histórica donde se rechazó la compra ext
«Epopeya del Doppler Cubano-3» relata el instante decisivo en que Fidel Castro, en medio del huracán Iván, encargó la fabricación del primer radar Doppler cubano de la mano del Dr. José Rubiera y los ingenieros de LADETEC. Este capítulo revela la conversación histórica donde se rechazó la compra externa para apostar por la tecnología nacional, el ingreso del Instituto de Meteorología a la Batalla de Ideas y el impulso tecnológico que convirtió el sueño de décadas en un mandato estatal, culminando con el desarrollo exitoso del prototipo cubano.
«Fidel y Rubiera, la conversación que dio la arrancada» documenta el punto de inflexión político y estratégico que materializó el sueño tecnológico de una década. En septiembre de 2004, durante los aprestos por el huracán Iván, el Comandante en Jefe Fidel Castro preguntó al doctor José Rubiera qué necesitaba el país para mejorar los pronósticos de ciclones. La respuesta inmediata —»un radar Doppler»— desencadenó un diálogo trascendental: ante la oferta de comprarlo por un millón de dólares, Rubiera insistió con firmeza en que lo fabricaran los ingenieros de Camagüey (LADETEC), rechazando la opción de encargarlo a la UCI. Este episodio narra las tensas reuniones posteriores con el Grupo de Apoyo del Comandante, donde el representante Roly Tellechea puso a prueba al equipo con preguntas incisivas y comentarios despectivos sobre la sede camagüeyana, aunque recibió una contundente defensa colectiva de la cúpula del Instituto. Esta misión se convirtió en la tarea principal del INSMET dentro del programa Batalla de Ideas, trayendo consigo un fortalecimiento tecnológico sin precedentes (computadoras, vehículos, climatización y comunicaciones) que sacó al sistema meteorológico del deprimido estado de los años 90. Lo que comenzó como una inquietud intelectual personal se transformó en un mandato estatal de máximo nivel, que permitió la posterior fabricación del prototipo en Camagüey (2012) y el montaje del primer ejemplar seriado en la Loma de Casa Blanca, consolidando definitivamente la ingeniería de radares meteorológicos en Cuba.
La conversación en sí misma
Se aproximaba el huracán Iván. Venía perfilándose como para atravesar Cuba por algún punto, aun indeterminado. Se hacían Mesas Redondas Informativas largas, Rubiera apenas dormía, descansaba un rato y volvía. El Comandante en Jefe participaba activamente y le hacía numerosas preguntas a Rubiera, algunas francamente inesperadas para mí, pero Rubiera siempre respondía airoso. Algunas veces se desviaban del tema del ciclón en sí mismo y hablaban de temas más generales, meteorológicos, geográficos o de cualquier otra índole, poniendo a prueba la erudición de Rubiera.
De repente, Fidel le pregunta a Rubiera —¿y qué otra cosa necesitarían para mejorar los pronósticos de huracanes? Rubiera, como si se hubiera preparado para eso toda la vida le dijo sin titubear —un radar Doppler.
A lo largo de los años, viendo al Comandante en Jefe dialogar con numerosas personas en vivo en la TV,. uno sabía que no era un interlocutor fácil. Fidel, poseedor de una vasta cultura y con un altísimo nivel de información general tenía la facilidad de sumergirse en cualquier tema y hacer preguntas difíciles e incómodas por su profundidad, solía «poner el dedo en la llaga» y llegar rápidamente al límite del conocimiento humano en el tema. Sin embargo, siempre aprecié que Rubiera, con mucha parsimonia, le respondía acertadamente.
Hecho el paréntesis, volvamos a la conversación del Doppler. Fidel le preguntó cuánto costaría. Rubiera le dijo que alrededor de un millón USD (era el dato que yo manejaba en ese momento; pero era una subestimación). Fidel le dijo —pues lo compramos. Rubiera no se quedó ahí y le replicó —podemos hacerlo en Cuba. Fidel de plácemes ante esa posibilidad y le propone —pues ponemos a la gente de la UCI. Rubiera, cortés, pero firme —no Comandante, los ingenieros de Camagüey ya han trabajado en la modernización de los radares cubanos, ellos pueden fabricarlos. Fidel insiste en la UCI, Rubiera no tranza y abunda sobre los ingenieros de Camagüey. Después pasaron a otros temas. Así es como yo lo recuerdo, grosso modo.
Rubiera, como ya les comenté en la entrega anterior, desde la inauguración del Sistema HERMES en marzo de 1988 había asumido el papel de ángel tutelar para con nosotros. Me apoyaba en todas las instancias (ya narré cómo me apoyó yendo a mi defensa de tesis de doctorado). Sobre el Doppler habíamos conversado muchas veces y teníamos un lenguaje común, y aunque nunca hablamos explícitamente de que nosotros podríamos fabricarlo, Rubierta creía en nosotros más que yo y estaba firmemente convencido que lo podíamos hacer, él nunca tuvo dudas. En mis momentos de vacilaciones existenciales yo veía a Rubiera en mi mente dándome un empujón y diciéndome —aprieta el fondillo y dale a los pedales, que ustedes sí pueden.
A los pocos días, tal vez una semana o 10 días, me anunciaron una reunión en La Habana con uno de los muchachos del Equipo de Coordinación y Apoyo del Comandante en Jefe. Esta fue la primera demostración práctica que tuve del método de dirección transversal, pero hubo muchas después.
Primera reunión con el Grupo de Apoyo
Para mí y para mis colegas de LADETEC este asunto era sumamente importante, como vieron en los dos posts anteriores, lo sentíamos como algo personal y entrañable. Nosotros habíamos trabajado fuertemente en el asunto del Doppler. No obstante, estábamos temerosos de que no se materializara o que el trabajo se le asignara a otros (y esto no era infundado, ya iré contando los intentos y los tropiezos que tuvimos por causas subjetivas).
Cuando se produce este suceso, ya la ministra Rosa Elena Simeón estaba gravemente enferma (moriría en menos de un mes). Con ella yo había conversado lo del Doppler en más de una ocasión. En su lugar, Fernando González Bermúdez, Viceministro Primero, estaba en funciones.
En el viaje a La Habana, yo le expresaba a José Castelló, delegado del CITMA en la provincia mis preocupaciones. Fernando venía de CENPALAB, allí el tenía un grupo fuerte de ingenieros innovadores con resultados en la automatización de los centrales y pensé que Fernando podría tratar de darles a ellos la tarea. Castelló me dijo que él no pensaba que eso fuera a suceder.
Realmente, nada más alejado de la realidad que mis temores. Fernando no solo no pensó en eso, sino que me dio un apoyo decisivo en toda la tarea del Doppler que iré narrando; pero él mismo me despejó toda duda desde nuestra primera conversación. Me dijo —Rosa Elena me contó de ti y me dijo que te apoyara y te protegiera en esta tarea y en general, en todas las cosas. Doy fe que cumplió con ese legado de forma ejemplar, mucho más allá de lo que yo pudiera imaginar en mis más atrevidos sueños.
Rolando (Roly) Samuel Tellechea, del Grupo de Apoyo fue quien dirigió la reunión. El Comandante en Jefe nunca se quedaba corto, Roly vino a hacer un levantamiento no solo para lo del Doppler, sino de todo el estado del Instituto de Meteorología, desde las estaciones hasta la sede nacional en la Loma de Casa Blanca.
A mí (y no solo a mí) Roly no me gustó por su forma de expresarse, diría mejor por su forma un poco altanera e irrespetuosa, matizada en forma de chiste de mal gusto.
El primer altercado no fue conmigo. Hablábamos de «fenómenos peligrosos». En el ámbito en que estábamos era obvio a qué fenómenos nos referíamos. Sin embargo, Roly pidió que precisáramos «fenómenos meteorológicos peligrosos» lo cual es muy correcto (innecesario, pero correcto); pero a continuación soltó algo muy incorrecto, dijo —porque fenómeno peligroso también es un negrito parado en una esquina … No se lo perdonaron, le llamaron la atención y se disculpó, pero el «chiste» no le cayó bien a nadie.
El segundo altercado no fue tampoco conmigo, pero sí fue sobre mí y sobre mi grupo de ingenieros. Tomás me presentó como Jefe del Centro de Radares y a cargo de LADETEC, el grupo que había desarrollado la automatización y modernización de los radares. Cuando Tomás mencionó que radicábamos en Camagüey, Roly puso «carita» de estar en profundo desacuerdo y preguntó en tono despectivo (bueno, así me pareció a mí que era el doliente) —¿ por qué «eso» tiene que estar en Camagüey? Se equivocó nuevamente porque eso hirió a todo el mundo, no solo a mí. Un año atrás, la decisión de Tomás de ponerme al frente del Centro de Radares radicando en Camagüey, había sacado chispas (y con razón, en Cuba una cosa centralizada en una provincia lejana es una locura), pero en el tiempo transcurrido ya nosotros, pisoteando a mi débil modestia, nos habíamos ganado un lugar y la gente apreciaba mi esfuerzo siempre secundado por mis fieles capitanes de LADETEC.
No tuve oportunidad de defenderme. Sucesivamente, Tomás Gutiérrez, director general del Instituto, Gisela Alonso, Presidenta de la Agencia de Medio Ambiente, Abel Centella, director científico, Enrique Martínez, jefe del Centro de Atención a la Red de Estaciones … no recuerdo, pero sé que hubo otros más … le dieron una soberana paliza por decir eso. Hasta la invasión de oriente a occidente salió a relucir (la de Gómez y Maceo y la del Che y Camilo). Consideré innecesario abundar. En fin, aquella primera reunión fue solo para hacer un levantamiento preliminar, que dicho sea en su favor, Roly ejecutó de modo brillante, nada se le quedó fuera.
El Instituto de Meteorología entra en La Batalla de Ideas
La Batalla de Ideas liderada por Fidel Castro se inició oficialmente el 5 de diciembre de 1999. Esta campaña política surgió como una movilización masiva para exigir el regreso del niño Elián González, secuestrado en Estados Unidos tras sobrevivir a un naufragio, convirtiéndose en una confrontación ideológica y de opinión pública nacional e internacional. Mi compañero, el monstruo Albio estuvo desde el inicio. Estaba en una Conferencia Nacional de las BTJ y se quedó en La Habana participando en movilizaciones hasta el fin de año.
La Batalla de Ideas evolucionó tras el regreso de Elián González (28 de junio de 2000) de ser una campaña específica por la devolución del niño a una política masiva y permanente en Cuba. Impulsada por Fidel Castro, se convirtió en una herramienta ideológica central contra el bloqueo estadounidense, la Ley de Ajuste Cubano y el terrorismo. La «Batalla de Ideas» pasó a abarcar la transformación educativa, la cultura integral del pueblo, la salud y programas sociales para asegurar la continuidad revolucionaria. Numerosos organismos recibieron un fortalecimiento institucional al amparo de este programa de Batalla de Ideas.
Así pues, hecho el diagnóstico inicial, el Instituto de Meteorología entró en el Programa de Batalla de Ideas con las siguientes CINCO tareas solicitadas por el Comandante en Jefe: 1. Diseño, fabricación y montaje de un prototipo de Radar Meteorológico Cubano (Doppler), que fue lo que dio origen al programa. 2. Diseñar, fabricar y montar 20 estaciones meteorológicas automáticas. 3. Crear un sitio web para el Instituto de Meteorología que esté entre los mejores del mundo. 4. Crear un estudio de televisión en la sede central del Instituto de Meteorología en la Loma de Casa Blanca con condiciones para transmitir los pronósticos desde ese lugar y 5. Establecer un canal de comunicaciones de banda ancha entre la sede central del INSMET y los estudios centrales de la televisión nacional.
Me toca decir, orgullosamente, que la tarea a nosotros asignada se cumplió exitosamente. Toca a otros contar qué pasó con las cuatro restantes.
En realidad, este programa de Fortalecimiento Tecnológico del Sistema Meteorológico Nacional abarcó muchísimo más que eso. A partir de la segunda o tercera reunión la tarea fue encargada a René Hidalgo Font, también del Grupo de Apoyo. Tomo de un informe viejo (que seguramente es incompleto) una relación de medios que se entregaron en los primeros meses: 180 computadoras de escritorio, 14 impresoras láser, 6 computadoras portátiles (sé que fue mucho más, porque las dos que nos entregaron a nosotros, no estaban contadas en eses seis), 66 televisores y 88 receptores de radio, 45 Refrigeradores, 43 cocinas y 68 ventiladores, 204 bicicletas y 2 jeeps UAZ (los dos se entregaron a la actividad de radares, uno en la Isla de la Juventud y otro en Camagüey). Se compraron, además, numerosos sistemas de climatización, sistemas modernos de aterramientos y pararrayos, protecciones de línea, equipos de comunicaciones de VHF y HF para las estaciones y los centros provinciales y nacional. Después se asignaron muchos más medios. Fue un impulso enorme para el Sistema Meteorológico Nacional que se encontraba bastante deprimido después de los duros años 90.
Fabricar un Doppler
La tarea original del diseño, fabricación y montaje del prototipo de Radar Meteorológico Cubano (Doppler) se amplió considerablemente para culminar la automatización de los radares de La Bajada, Pilón y Gran Piedra y la conversión de la maqueta de Camagüey a las soluciones industriales que se montaron en todos los radares. René Hidalgo, que dirigió con mano firme este proyecto desde la Batalla de Ideas, lo entendió muy bien: lo del Doppler era solo un añadido al radar que ya nosotros estábamos reproduciendo en el país. Se compraron también piezas de repuesto, instrumentos de medición y herramientas para todos los radares, además de las cosas propiamente para «el Doppler».
El compromiso con Rubiera y con Fidel era montar el prototipo en la Loma de Casa Blanca. Consideraciones logísticas nos llevaron a montar el prototipo de Camagüey (en el año 2012); pero con posterioridad montamos el primer ejemplar seriado en la Loma de Casa Blanca (OK, 16 años después, a ese ritmo transcurrió nuestra vida laboral) y esa fue nuestra obra cumbre, porque allí no usamos nada del antiguo radar MRL-5 (como sí lo habíamos hecho en el prototipo de Camagüey), solo las estructuras metálicas de la antena, una verdadera joya de producción soviética.
En ese justo momento, mi sueño de fabricar un radar Doppler, compartido con mis ingenieros de LADETEC, se convirtió en una apuesta tecnológica de país. Por primera vez en mis 23 años de trabajo, la innovación tecnológica me llegaba como un mandato estatal desde el más alto nivel y no como una iniciativa desde nuestra inquietud intelectual.