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Epopeya del Doppler Cubano-6. Fracasos y la luz al final del túnel

«Epopeya del Doppler Cubano-6» narra los fracasos y la eventual luz al final del túnel en la carrera por conseguir los componentes críticos para el radar Doppler cubano. Este capítulo desvela el funcionamiento de la maquinaria de la Batalla de Ideas, las reuniones semanales con COPEXTEL y el riguros

«Epopeya del Doppler Cubano-6» narra los fracasos y la eventual luz al final del túnel en la carrera por conseguir los componentes críticos para el radar Doppler cubano. Este capítulo desvela el funcionamiento de la maquinaria de la Batalla de Ideas, las reuniones semanales con COPEXTEL y el riguroso control de René Hidalgo, y los obstáculos insalvables del bloqueo estadounidense para adquirir un STALO y un procesador de señales. Conozca cómo los intentos directos fueron rechazados cortésmente y las compras mediante intermediarios llegaban rotas, hasta que el General Rogelio Acevedo y el Viceministro Fernando González encontraron una vía inesperada que, por menos de 400 mil USD, logró sortear el cerco tecnológico.

» Fracasos y la luz al final del túnel» se adentra en el corazón de la maquinaria institucional que debía hacer posible el sueño del Doppler, pero también en los repetidos fracasos que estuvieron a punto de descarrilarlo todo. El capítulo comienza describiendo la estructura de la Batalla de Ideas: el Equipo OPAC bajo José Antonio Concepción Rangel, la dirección de René Hidalgo Font y la fuerza de choque de COPEXTEL, con reuniones semanales de exigencia extrema donde las empresas sabían que no podían llegar con pretextos. Aunque LADETEC ya tenía experiencia probada en pedir componentes —con Arturo como «cinta negra» en búsquedas en Internet— y aunque la modernización de los radares cubanos avanzaba sin contratiempos, la tarea del Doppler chocaba contra el muro del bloqueo. Los dos componentes críticos —el oscilador local de alta estabilidad (STALO) y el procesador de señales— no se venden en ferreterías; los fabricantes exigen conocer el destino final, y Cuba es destino prohibido. Los intentos fracasaron por dos vías: la solicitud directa a fabricantes con los que el autor tenía buenas relaciones, que respondieron con un NO cortés pero firme («deseándonos éxitos, pero no con ellos»), y la compra mediante intermediarios que falsificaban destinos, que funcionaba en teoría pero siempre traía equipos rotos y sin posibilidad de reclamación. Era Bloqueo — 1, LADETEC — 0. La luz llegó cuando el Viceministro Fernando González, cumpliendo el legado de Rosa Elena Simeón, abordó al General Rogelio Acevedo en un vuelo a Holguín y le explicó el estancamiento. Acevedo, con su estilo directo, se puso a la tarea, desechó a un traidor que quería delatar el destino cubano, y encontró una empresa extranjera dispuesta a gestionar la compra como si fuera para los radares venezolanos, con un contrato formal y por menos de 400 mil USD. Pero el final no estaba cerca: comprar los componentes era solo el comienzo, y el camino aún tendría muchas espinas, como el leñador que aún tiene muchos árboles que cortar en el bosque del bloqueo.

La maquinaria de la Batalla de Ideas

Hay un post en el que he contado cosas de cómo funcionaba la Batalla de Ideas (Transversalizar en Cuba: historias de radares y ciencia). El Jefe del Equipo, que se llamaba OPAC (Oficina de los Programas Audiovisuales y Computación, adscrita al Consejo de Estado como parte de la Batalla de Ideas) era José Antonio Concepción Rangel, era el que discutía cada cosa directamente con Fidel. El programa nuestro de radar Doppler (y de Meteorología en general) lo dirigía el joven ingeniero René Hidalgo Font, del Equipo de Coordinación y Apoyo del Comandante en Jefe. Él discutía todo con José Antonio, y este, a su vez, con el Comandante en Jefe.

Renecito planificaba meticulosamente cada reunión a la que asistían diversas divisiones de COPEXTEL, que era la fuerza de choque de la Batalla de Ideas (dirigida por el vicepresidente Renaldo Velázquez, jefe de la División de Tecnologías de COPEXTEL y que era el responsable directo de importar todo lo que se aprobaba por la Batalla de Ideas). Velázquez, a nuestra tarea del Doppler, le puso todo su empeño.

Una vez que arrancó este Programa de Fortalecimiento Institucional del Sistema Meteorológico, nos reuníamos semana por semana en la casa de la UJC frente a PABEXPO. Rene era muy riguroso en la exigencia. Las empresas sabían que no podían venir con subterfugios o respuestas superficiales, o con pretextos banales. Ellos venían habiendo explorado todas las opciones humanamente concebibles … y más. Todo el mundo conoce el estilo de Fidel y Renecito era las manos y los ojos de Fidel.

Para contextualizar al lector, les cuento: Nosotros habíamos diseñado y fabricado la maqueta del Radar Meteorológico Cubano en 1997 y eso fue lo que los norteamericanos suelen llamar una «prueba de concepto», una demostración de la terrenalidad de nuestra idea, Roberto, nuestro ingeniero, lo llama un «lemuestro«. Cuando fue apareciendo financiamiento por proyectos internacionales, desarrollamos un prototipo industrial para los radares soviéticos MRL-5 (lo llamamos ELBRUS, instalado en el 2000 en Pico San Juan y repetido en el 2001 en Casa Blanca) y un prototipo industrial para los radares japoneses RC-32B (lo llamamos FUJI, instalado en el 2002 en Punta del Este). La Batalla de Ideas nos sorprendió terminando la modernización del radar de La Bajada.

La idea que quiero transmitir es que nosotros sabíamos muy bien lo que necesitábamos comprar para terminar la modernización de los radares cubanos, era solo reproducir los prototipos, que en realidad, salvo detalles para ajustarse a las peculiaridades de cada tipo de radar, eran soluciones «UNISEX». Nosotros, que como equipo, ya éramos muy buenos —lo sé, inmodestia colectiva— en lo de hacer pedidos con pelos y señas y varias opciones alternativas, teníamos, además, nuestra «arma letal» para eso: Arturito que es «cinta negra, 10mo dan» en buscar, diagnosticar, seleccionar y pedir cosas basándose solo en la información que pone en Internet las firmas. Arturo nunca ha perdido un «combate», es decir, nunca nos hemos equivocado. Será que simplemente nunca tuvimos esa opción.

Teniendo el respaldo de toda la maquinaria de COPEXTEL era una tarea relativamente simple para nosotros, hacer los pedidos. No amable lector, traer las cosas nunca ha sido fácil, las ventosas del bloqueo siempre han estado jodiendo, especialmente en este campo tecnológico, lo que digo es que para las firmas de comercio exterior nosotros somos unos clientes muy fáciles, se lo damos todo desmenuzado con 3-4 variantes alternativas.

La búsqueda infructuosa

Sin embargo, con respecto a la tarea de añadir la cualidad Doppler a nuestro prototipo de Radar Meteorológico Cubano, las cosas no avanzaban nada bien. Nosotros debíamos fabricar un receptor para un radar Doppler.

Les recuerdo a mis lectores que la ruta crítica pasaba por conseguir un heterodino de alta estabilidad (STALO y sus mezcladores) y conseguir un procesador de señales sobre el que pudiéramos programar los algoritmos para el cálculo de la velocidad Doppler, para decirlo de una forma simplificada. Les recuerdo también que estos componentes no los venden en cualquier ferretería, el fabricante exige con muchísimo rigor, conocer en detalle el destino final. Y claro, Cuba es un destino PROHIBIDO para todos.

Habíamos hecho varios intentos infructuosos, que aun hoy no narraré, a pesar de los años transcurridos, el bloqueo es un pulpo con tentáculos muy largos, varios cerebros y memoria infinita. Los intentos habían fallado por dos causas:

La primera es que se le solicitó a los fabricantes, de una forma que no sé si catalogar de naif o de mal intencionada, apelar a su buena voluntad, generalmente usando gente que me conocía bien y que de una forma u otra yo las había contactado en el pasado y tenía buenas relaciones con ellos. La respuesta cortés, pero firme fue un NO, seguido de la expresión de sus buenos deseos de que lo lográramos, siempre hablando muy bien de mí y de lo loable de mi empeño y deseándonos éxitos (pero no con ellos). Lo curioso es que todos ellos, los que se veían obligados a decir NO, hubiesen estado muy felices de que los ingenieros de LADETEC lográramos hacer el radar Doppler, porque lo que es en materia de información ellos habían sido muy generosos conmigo, ya lo conté en el Capítulo 2.

La segunda, fue la vía que siempre se usa, comprar «la cosa» a través de varios intermediarios, en los que el más cercano al fabricante se «inventa» un destino final plausible (por ejemplo una universidad X de un país Y, que desea desarrollar…), el siguiente lo corrobora, por supuesto, falsificando documentos y luego se lo pasa «al villano» que es el que se lo vende a Cuba (y que está dispuesto a jurar —y por eso se gana un dinero extra— que ninguno de los dos anteriores sabía nada sobre su felonía … si los tentáculos del bloqueo llegaran hasta allí). Esta vía funciona bien; pero … si el equipo llega roto, es dinero perdido, no hay modo de reclamar y fatalmente (tal vez, poniéndome un poco conspiranoico, fue intencional) sucedió.

Estábamos estancados, el Bloqueo (o a veces simplemente el temor a las represalias que puede tomar el Bloqueo) nos iba ganando por un buen margen. Bloqueo —1, LADETEC (o sea Cuba) —0.

La luz al final del túnel

El Dr. Fernando Mario González Bermúdez, Viceministro Primero del CITMA, había recibido de la Dra. Roda Elena Simeón Negrín la encomienda de ocuparse de nuestro equipo de LADETEC, porque nosotros éramos «de sus locos favoritos«, y en especial, ella le había transmitido a Fernando nuestra aspiración de lo del Doppler, cuando este tema aun no había salido a la luz pública. Cuando surgió la tarea del Doppler, entonces Fernando, además, recibió la encomienda directamente del Comandante en Jefe.

Deben haber sido unas diez veces que Fernando me dedicó días enteros (sí, de almorzar juntos y todo) en el Capitolio, desmenuzando detalles técnicos y trazando estrategias para lo del Doppler. No obstante, como conté en el epígrafe anterior, todas las iniciativas fallaban.

Aquí es donde retorno a lo de la Serendipia. Una vez viajábamos en el mismo vuelo a Holguín Fernando y yo con Acevedo, sentados nosotros dos de frente a Rogelio, con una mesita de por medio y Fernando tuvo la idea de hablar con Acevedo del tema del Doppler y la tarea de Fidel y explicarle cómo estábamos arando en el mar. Acevedo solo dijo — veremos qué podemos hacer.

Después tuvimos otros encuentros con Acevedo con más detalle. En uno de los viajes a Venezuela. el General Acevedo me interrogó a fondo, tratando de captar toda la magnitud de la tarea, no solo lo de comprar el heterodino y el procesador de señales. Acevedo acudió a una persona, le pidió que solicitara la compra de esos componentes COMO SI FUERA para los radares de ellos, el pretexto era plausible. La persona, lo primero que hizo fue decir que era para los cubanos. Acevedo sentenció: —es un traidor, buscaremos por otro lado. Luego, años después, tuvimos oportunidad de corroborarlo y Rogelio solo me comentó —te lo había dicho, que era un traidor.

Y buscó y encontró. Mucho me gustaría agradecer a la empresa extranjera que se hizo cargo. Hicimos un contrato formal. El caso es que sí, esta empresa que contrató el IACC (Acevedo se sabe de memoria cuánto pagó, que fue menos de 400 mil USD) se encargó de todo, hasta los mínimos detalles y no fue un camino lleno de rosas, hubo espinas y gordas.

Ya les digo, el bloqueo es como el lobo de caperucita: orejas grandes, para oír cualquier cosa mejor, ojos grandes para ver cualquier cosa mejor y una boca bien grande, para comernos mejor. Pero nosotros no somos la abuelita, más bien nos parecemos al leñador. No, el final no está cerca, faltan muchos árboles por cortar en el camino al Doppler cubano, en el próximo capítulo empiezo a contarles cómo esta empresa fue buscando las soluciones, porque comprar los componentes era solo el comienzo.