Epopeya del Doppler Cubano-8. «Per aspera ad astra» o cuando el mambo se pone duro
«Epopeya del Doppler Cubano-8» narra el trepidante capítulo donde los ingenieros cubanos, tras el bloqueo de los receptores analógicos británicos, lograron sortear todos los obstáculos para completar el radar Doppler. Este episodio relata cómo consiguieron instrumentos de medición de alta calidad gr
«Epopeya del Doppler Cubano-8» narra el trepidante capítulo donde los ingenieros cubanos, tras el bloqueo de los receptores analógicos británicos, lograron sortear todos los obstáculos para completar el radar Doppler. Este episodio relata cómo consiguieron instrumentos de medición de alta calidad gracias a una donación canadiense de 110 mil USD, cómo desarrollaron un sistema de protección eléctrica que hizo al radar inmune a descargas atmosféricas tras el ataque de Zeus a cuatro radares, y cómo Intelcan encontró a un pequeño fabricante que ensambló los receptores analógicos según el diseño cubano. Conozca la odisea final: el viaje de Leonardo y el autor para probar los receptores en 2010, y cómo los componentes críticos entraron furtivamente a Cuba en su equipaje, burlando el bloqueo.
«Per aspera ad astra o cuando el mambo se pone duro» —cuyo título evoca la máxima latina «per aspera ad astra» (a través de las dificultades hacia las estrellas)— narra cómo el equipo de LADETEC, cuando todo parecía perdido tras el bloqueo de los receptores analógicos británicos, encontró la forma de completar el rompecabezas del Doppler. El capítulo comienza con la aguda percepción de Intelcan, que identificó una carencia crítica: instrumentos de medición de precisión en el rango de microondas, cuyo costo —110 mil USD— amenazaba con encarecer el proyecto. El autor, en una escena surrealista, se vio explicando el proyecto a una embajadora en manga de camisa y zapatillas viejas durante una recepción en la embajada, logrando que la Agencia Canadiense de Cooperación donara exactamente ese monto. Pero el destino golpeó con furia: a inicios de 2009, descargas atmosféricas dañaron severamente cuatro de los radares modernizados (excepto el de Camagüey, donde se trabajaba en el Doppler), demostrando una vulnerabilidad que había que atajar antes del nacimiento del prototipo. Con el apoyo del ICID y ECOSOL Electric, desarrollaron un sistema de protección total y aterramientos que hizo al Radar Meteorológico Cubano inmune a las descargas eléctricas —»puede funcionar aunque estén cayendo raíles de punta», según el autor. Y entonces, cuando «el mambo se puso duro», Intelcan encontró a una pequeña compañía —apenas el dueño y una secretaria— que, siguiendo el diseño cubano, ensambló los receptores analógicos con componentes de altísima calidad. En el verano de 2010, Leonardo (Ichi) y el autor viajaron a probarlos durante 15 días intensivos, verificando cada circuito y divirtiéndose «despeluzando a sus amados hijos electrónicos». El broche final: el ejecutivo de Intelcan, en un gesto digno de una película de espionaje, extrajo los componentes críticos del receptor, se los entregó al autor y le dijo —»esos se los llevan ustedes en sus equipajes y los mezclan con componentes de uso común»—, logrando así que las piezas más perseguidas por el bloqueo entraran a Cuba. Pero el lector no debe relajarse: aún quedaban por probar los magnetrones rusos, las fuentes de caldeo y el modulador —y como Scherezada, el autor deja temas para otras noches, pues no fueron 1001 sino más de 2880 noches de desvelos hasta que el radar arrancó.
En el capítulo 7 los dejé en suspenso con un problema sin resolver: lo de los receptores analógicos (también llamados en inglés receiver front-end). Claro, mi perspicaz lector sabe que sí, que hicimos no uno, sino tres radares Doppler, lo que quieren es saber cómo fuimos resolviendo los numerosos problemas. Calma, nosotros éramos (y seguimos siendo) solo un grupito de ingenieros y hemos tenido que enfrentarnos a muchos problemas, en el camino a los Doppler y más allá de si Doppler o no.
Y los instrumentos de medición ¿qué?
Intelcan, desde el principio hizo un levantamiento muy completo de toda la tarea y de todas nuestras capacidades (y carencias). Muy correctamente, los de Intelcan, se dieron cuenta que necesitábamos instrumentos y herramientas de calidad.
Las herramientas bien, son algo barato; pero instrumentos de precisión en el rango de microondas (me refiero a generador de señales y analizador de espectro) ya eso es una pequeña fortuna. Cuando Intelcan presentó la oferta yo puse el grito en el cielo, eso encarecía el proyecto y lo montaba por encima de los 400 mil USD. No —dije resueltamente, seguimos con los viejos generadores soviéticos. Intelcan no estaba dispuesto a ceder porque sabían que la calidad del Doppler y la rapidez con la que trabajáramos dependía de las calidad de los instrumentos.
Así pues me «enredaron», me hicieron una celada y me vi yo, de repente, explicándole a una embajadora, en magas de camisa, jean y zapatillas viejas, en una recepción lujosa en la embajada, nuestro proyecto del Doppler, creanme, eso era una escena surrealista. Y resultó. La Agencia Canadiense de Cooperación nos hizo una donación de 110 mil USD que era justamente el monto de los instrumentos de altísima calidad. Si quiere divertirse para luego entristecerse lea mi post Ambassador.
De contra … Zeus jodiendo
Sucede que fatalmente a inicios del año 2009 (el curso en Inglaterra había sido en julio del 2008), cuatro de nuestros radares fueron severamente dañados por el impacto de descargas atmosféricas y toda la automática se estropeó. Les recuerdo a mis lectores que desde el 2006 ya los siete radares cubanos antiguos estaban modernizados, automatizados e informatizados (las imágenes se mostraban en Internet). Afortunadamente, el radar de Camagüey en la Loma de la Mula, sobre la base del cual trabajábamos y desarrollábamos toda la circuitería del Doppler, no había sido impactado.
No obstante, la posibilidad real nos aterrorizó ¿Y si de pronto una descarga eléctrica nos carbonizaba esta inversión en un instante fatal? Asunto bien feo eso de volver a batirse con el pulpo de varios cerebros y muchos tentáculos (sí, OK, un poco rocambolesca la expresión, pero todos saben que hablo del bloqueo).
Por otra parte, aunque para el lector esto parezca un poco alejado del Doppler, para nosotros no lo era. Recuerde mi lector que LADETEC, desde el 2003 no era solo el Laboratorio de Desarrollo Técnico que fundó nuestra muy querida ministra Rosa Elena, éramos además, el brazo armado del Servicio de Vigilancia Meteorológica por Radar en Cuba. Nos tocaba ocuparnos de restablecer esos radares y como siempre, usar la innovación tecnológica como recurso de servicio técnico.
Yo he recalcado a lo largo de esta serie sobre el Doppler Cubano que nosotros diseñábamos y construíamos el prototipo de Radar Meteorológico Cubano (con cualidad Doppler), y eso es lo que hacíamos desde 1997, es decir mucho antes que hablaran Rubiera y Fidel. Este radar era automatizado, modernizado, informatizado con enfoque IoT desde el 2000 y sobretodo … sostenible. De repente este ataque masivo de Zeus sirvió para demostrarnos que el futuro Doppler tenía una vulnerabilidad que había que atajar antes que el flamante prototipo naciera.
Lo logramos, Chomi, el nuevo ministro, puso al ICID y a ECOSOL Electric en función de nuestro problema y logramos un resultado extraordinario: el Radar Meteorológico Cubano (Doppler o no) puede funcionar aunque «estén cayendo raíles de punta» sobre el radar. Desde el 2010 está implementado en todos nuestros radares que ya no se apagan cuando hay tormenta eléctrica sobre la estación. No alardeo, los radares de Casa Blanca, Pico San Juan y Pilón, ubicados en sitios de altos niveles isoceráunicos, nunca más se han roto a causa de descargas (cuando muchos otros equipos a su alrededor sí se rompen, especialmente en la sede central del Instituto de Meteorología en Casa Blanca).
Si lo desea lea con más detalle en el post Radar Meteorológico Cubano (Doppler). Pelea contra las descargas eléctricas. El prototipo de Radar Meteorológico Cubano salió fortalecido con un sistema de suministro eléctrico, protecciones totales y aterramientos que le permiten ser inmune a las descargas eléctricas.
Y el mambo se puso duro
La frase que da título a este epígrafe en el habla popular cubana y latinoamericana (tal vez hoy un poco en desuso, que los tiempos del Rey del Mambo, el cubano Dámaso Pérez Prado, pasaron hace mucho) significa que la situación se ha puesto intensa, emocionante o difícil. Y eso es lo que estaba pasando con el desarrollo del Doppler, que ya iba para su sexto año. Los allegados y cercanos saben que uso la frase no solo por eso, este era un «mambo» muy importante.
Ante el fracaso con Pascall Electronics Ltd. en el 2008, Intelcan no se dio por vencido y siguió buscando, con ahínco, quién podría comprar los componentes y ensamblar nuestro diseño de los receptores (bandas S y X). Recuerdo que su ejecutivo me decía —Orlando, desde el principio sabíamos que sería muy difícil. Cuando Fidel habla, los funcionarios del bloqueo se sientan, lo escuchan y toman notas. Nos estaban esperando desde el principio. Pero el que persevera triunfa. Encontraron una pequeña compañía, pequeñísima, solo el dueño y una secretaria-contadora (y que eventualmente contrataba a uno varios ayudantes, tantos como le hicieran falta en cada encargo) que fabricó el encargo, es decir nuestro diseño de receptores analógicos. En Cuba esa compañía no sería ni una MIPYME sino más bien un trabajador por cuenta propia.
En el verano del 2010, Leonardo-Ichi y yo viajamos a hacerle todo tipo de pruebas a los receptores que ellos fabricaron. El Hombre-Compañía, un técnico de montaje muy experimentado, había adquirido los componentes (sabrá Dios cómo, recuerden que para algunos de estos componentes el fabricante exigía una declaración de destino final fiable y verificable) y lo había ensamblado todo siguiendo nuestro diseño y nuestras especificaciones. Fue una agradable sorpresa, un trabajo limpio e impecable, los componentes todos de altísima calidad.
No obstante, aunque en el diseño Arturo, Leonardo y yo nos habíamos esmerado con la teoría y los cálculos, había que finalmente dejar que la práctica, como aprendimos de Marx, dijera la última palabra. Había llovido mucho desde aquel estudio de postgrado de 1993, cada uno de nosotros había crecido grandemente como experto, y habíamos tenido, además, el radar de Holguín como ejemplo práctico.
El Hombre-Compañía no parecía que ganara mucho dinero, andaba en un carro viejo desvencijado (la puerta se abría sola en las curvas) y vestía modestamente. No tenía grandes conocimientos teóricos y no era capaz de probar los receptores por sí mismo, pero sí conocía al detalle cada uno de los componentes que había adquirido y montado. Chequeamos primero, como es lógico, que todo estuviera armado y montado según nuestros esquemas circuitales.
Leonardo y yo fuimos tremendamente creativos —sí, ya saben que la modestia mía siempre yace por el piso maltrecha— Todo lo que alguna vez en la vida habíamos leído y estudiado de receptores de radar lo verificamos allí en la práctica. Los receptores realmente eran lo que nosotros habíamos diseñado y en la práctica se comportaban justo como queríamos que lo hicieran en el Radar Meteorológico Cubano, a la altura de los mejores del mundo.
Probamos todo lo humanamente verificable en un receptor, incluso lo que no era tan relevante, simplemente nos divertíamos «despeluzando» a nuestros amados y largamente esperados «hijos electrónicos». Estuvimos 15 días y los aprovechamos minuto a minuto. Sí, además de verificar, aprendimos y corroboramos lo que ya sabíamos teóricamente. Fue un gustazo, no lo podemos negar. Años después, en otros países, Leonardo tuvo oportunidad de lucir su erudición en estos menesteres. Yo pues … en alguna gaveta del cerebro guardo eso, por si finalmente escribiera el libro que aun sueño con escribir y del cual suelto pinceladas en el blog.
Just in case …
El bloqueo es un pulp.. bueno, creo que ya eso lo dije ¿o no? Una vez terminadas nuestras exhaustivas pruebas, el ejecutivo de Intelcan vino, sacó de los receptores unos cuantos componentes (los críticos, los que deben exhibir pedigrí) me los dio en las manos y me dijo —esos se los llevan ustedes en sus equipajes y lo mezclan con otros componentes electrónicos de uso común. Así entraron a Cuba finalmente las piezas más perseguidas por el bloqueo para armar el prototipo de Radar Doppler Cubano.
Ya teníamos los receptores analógicos y los receptores digitales. No se entusiasme ni se relaje mi tenso lector. No se ha terminado esta película. Recuerden que les comenté en capítulos anteriores que aún había que verificar si podríamos usar los magnetrones rusos, las fuentes de caldeo, las fuentes de alto voltaje y el modulador a tiratrón del radar MRL-5 o si habría que comprar eso (y encarecer el proyecto). Como les conté, en mis pasantías esas cosas yo se las había preguntado a cuanto experto pude. Solo la práctica nos daría la respuesta; pero para probar todo eso necesitábamos tener los receptores funcionando.
Tranquilo mi fiel lector, hay diversión para rato. También nos esperaban sorpresas desagradables que pondrían muy seriamente en peligro la consecución práctica del Doppler; pero como Scherezada, tengo que dejar temas para otras noches, que no fueron 1001, fueron más de 2880 noches de desvelos hasta que arrancó el radar.